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Columnas
En Veracruz una parte del voto duro de Morena favoreció a Movimiento Ciudadano, lo que este partido llamó avance en la entidad, no es más que un efímero receptáculo de la inconformidad interna del partido en el poder por admitir a Yunes, a Adrián Ruvalcaba, por poner a trabajar a los jóvenes en territorio en lugar de los candidatos, por la marginación de los fundadores, por la improvisación de la cúpula del partido estatal y nacional, etc.
Morena pudo avanzar, de acuerdo con la congruencia que encabeza la Presidenta y la gobernadora, pero las decisiones recientes del partido en el estado y a nivel nacional fueron un lastre que las bases advirtieron y reprobaron.
El voto duro de Morena se dirigió hacia los contrincantes más cercanos o menos alejados ideológicamente. Los voceros del partido en el poder todavía no acaban de convencer que MC es de derecha, lo consideran afín y creen que tarde o temprano se sumará. Debe trabajar en eso la cúpula morenista, fijar diferencias claras en posibles similitudes ideológicas con otros grupos.
PRI y PAN recibieron su cuota del voto de castigo que originalmente pertenecía a Morena, avanzaron sin simpatías reales.
No es el anuncio de la nueva política lo que atrajo el voto de MC en Veracruz, sino una venganza. En las elecciones municipales nunca hay victorias totales ni derrotas irreversibles. La responsabilidad de la cúpula nacional en sus giras no fue vincularse con la gente sino hablarse al espejo a través de la militancia.
Morena a nivel estatal, debe aprender de su derrota porque partido que no avanza retrocede. Con un líder estatal de pena ajena, puede decirse que el movimiento está acéfalo y que la líder moral es la gobernadora, quien trabaja con horarios exhaustivos para alcanzar a cubrir no sólo las expectativas de los veracruzanos sino el deterioro causado al estado por administraciones anteriores, incluyendo la de su correligionario, Cuitláhuac García.
Sería mucha ingenuidad de MC si cree que este es el preámbulo de una victoria en las elecciones intermedias y que puede lanzar a alguno de sus adictos a la candidatura de la Presidencia en 2030. Debe aprender de esta experiencia que sin ser derrota no puede llamársele victoria, sino un grave error con nombre y apellido.
MC nada tiene de nuevo, con una muy rancia manera de hacer política, sin líderes reales, ni ideólogos, sin definición ideológica, coloca vino viejo en botellas nuevas.
Morena debe ser más leal a sí misma, revisar sus estatutos, hacer examen de conciencia, ser autocrítica. Sabemos que de las victorias no se aprende y le había tocado nomás las de ganar. Es hora de aprender de este descalabro, que a nadie dejó contento, debió ser una gran victoria, a la altura de su gobernadora y su presidenta.