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Columnas
Los pronósticos pesimistas, propios del pesimismo opositor sobre la ruina económica de México se vinieron abajo antes de que la presidenta cumpla dos meses en el poder, los medios controlados por la ultraderecha aseguraron que las inversiones extranjeras se cancelarían no sólo por la reforma al Poder Judicial sino por las decisiones de un gobierno progresista, que les ha hecho tanto daño. Antes lo denominaban populista, que es hijo del comunismo. Es decir, el progresismo es el nieto del comunismo, para su simplismo ideológico, todo ellos tienen el mismo ADN autoritario.
Prueba de que la reforma al Poder Judicial era necesaria para dar certeza a la inversión nacional y extranjera es la petición a la Presidenta Claudia Sheinbaum de ocho mandatarios en la Cumbre del G20, entre quienes se encuentran, de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva; Francia, Emmanuel Macron, Canadá, Justin Trudeau; de Corea del Sur, Yoon Suk-Yeol; Keir Starmer, de Reino Unido; de India, Narendra Modi; de Japón, Shigeru Ishiba; y de Vietnam, Pham Minh Chinh.
El tema común será la inversión en México, un interés inédito en ubicar sus plantas en el territorio nacional. Quedaron atrás el intercambio de pedios gratis a cambio de dicha instalación de empresas de otros países; también la condonación de impuestos por tiempo indefinido, vista gorda con derechos laborales de sus trabajadores; uso de agua indiscriminado, etc.
Los pronósticos de los agoreros surgen ante la carencia de propuestas reales, de ideas originales, de proyectos propios, prefieren que en México haya escasez de alimentos para ganar, por lo menos, un presagio sobre el camino que, según ellos, conduce a la situación de Venezuela, país que no conocen pero adoptan como infierno de Dante.
La crítica se centrará ahora por haber asistido a la Cumbre, el sexenio pasado fueron porque no fue el Presidente al extranjero. Cualquier cosa que los integrantes de la Cuarta Transformación hagan o dejen de hacer se convierte en bandera de una oposición que se quedó predicando en el desierto.
Ante la carencia de cultura política, la ignorancia histórica y el desconocimiento de las leyes, la derecha tiene la necesidad de reducir su discurso al método maniqueo. Lo que no es malo es bueno y desde esa perspectiva quiere ver el mundo y la realidad de un país que tiene muchos matices, que todavía no logra entender.
Los seguidores de la oposición definitivamente no se deben a sus propuestas sino como único grupo depositario del descontento social que debe tener toda democracia, y que gracias a las deficiencias se diluye progresivamente en lugar de crecer. Una oposición que en lugar de crecer se reduce también devalúa la democracia en la que se desarrolla.
En México la oposición contribuye al crecimiento del partido en el poder como nuca antes en la historia.