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¿Dónde está Roxana?

¿Dónde está Roxana?

Columnas lunes 08 de junio de 2026 -


@onelortiz
https://youtu.be/ztuCjiyZYRY?si=Bt5gYMD1d4vF6s_J

Desde hace días, el video de Roxana Berenice Guzmán me provoca una profunda inquietud. No es un video cualquiera. No muestra un accidente, una confrontación o un hecho fortuito. Muestra algo mucho más perturbador: una periodista grabando su propio secuestro.
Las imágenes son brutales por su sencillez. Hombres armados irrumpen violentamente en su domicilio, destruyen la puerta con un marro, amenazan a quienes se encuentran en la vivienda y se la llevan por la fuerza. La grabación termina abruptamente cuando uno de los agresores le arrebata el teléfono celular. Desde entonces, el silencio. Han pasado los días y nadie sabe dónde está Roxana.

El caso representa una derrota para las instituciones encargadas de garantizar la seguridad pública. Si una víctima pudo documentar a sus agresores, si el video se viralizó en redes sociales, si el hecho fue conocido prácticamente en tiempo real por millones de personas y aun así las autoridades no logran localizarla, entonces cualquier discurso oficial sobre avances en materia de seguridad pierde credibilidad.
Las estadísticas son importantes, pero tienen un límite. Ningún porcentaje de reducción del delito puede ocultar el impacto de una imagen como esta. Ningún informe gubernamental puede explicar por qué una periodista desaparece frente a las cámaras.
El móvil importa para la investigación. Es indispensable determinar si su secuestro está relacionado con su labor periodística, con alguna denuncia específica o con cualquier otra circunstancia. Pero para la opinión pública el móvil es secundario. Lo verdaderamente importante es que una ciudadana mexicana fue privada de su libertad por un grupo armado y que el Estado, hasta ahora, no ha podido devolverla a su familia.
La preocupación aumenta porque Roxana no es una periodista de una gran cadena nacional. Dirige un medio local, Pulso Informativo del Sureste, en una región donde ejercer el periodismo implica riesgos permanentes. Veracruz arrastra una larga y dolorosa historia de violencia contra comunicadores.
Existe además otro riesgo: el olvido. La agenda pública cambia cada día. La polémica de hoy desplaza a la indignación de ayer. El próximo escándalo sustituye al anterior. Y en medio de esa dinámica, las víctimas suelen quedar abandonadas a su suerte.

Si Roxana no aparece en los próximos días, la euforia futbolera, los conflictos políticos y las disputas cotidianas terminarán desplazando su historia de los titulares. Sólo quedará en la memoria de su familia, de sus colegas y de quienes observamos con preocupación cómo nuestro país se hunde lentamente en el océano de la indiferencia. Por eso la pregunta. ¿Dónde está Roxana?
Y mientras no exista una respuesta, el Estado mexicano seguirá teniendo una deuda pendiente con la verdad, con la justicia y con la libertad.
Eso pienso yo, usted qué opina. La política es de bronce.


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/CR

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