Raúl Avilez Allende.*
Creer que la Cuarta Transformación será para siempre, pasando por alto el ciclo político de la historia, es un error. Pero también lo es pensar que no debe defenderse con fuerza y evitar que vivamos un retroceso a una forma de gobierno aún peor a la que teníamos en sexenios pasados.
Los regímenes políticos como los individuos, nacen, se desarrollan y mueren; pero no mueren para nunca más volver, se corrompen y dan paso a otra forma de gobierno, muchas de las veces opuesta y con el tiempo pueden regresar. México está en riesgo de pasar de una endeble democracia a un gobierno oligarca.
Aristóteles sentó las bases del estudio de la política, para alcanzar la felicidad de los pueblos a través de las diferentes formas de gobierno. La monarquía y la tiranía, gobiernos de uno solo, el mejor y el peor de los gobiernos. La aristocracia y su corrupción en oligarquía, gobiernos de unos pocos, los mejores y los más ricos. La república donde gobiernan los muchos hombres y mujeres libres, y la democracia donde gobiernan los muchos pobres.
Esta evolución de las formas de gobierno, se repite sin parar en una especie de círculo, en el que hay progresos de una forma de gobierno corrupta a una virtuosa, pero también retrocesos, como pasar de una monarquía a una tiranía. Es el ciclo político de la historia, que estudia muy bien el Dr. Patricio Marcos Giacomán, quizá el único teórico político de la UNAM y de México.
Esto toma gran relevancia después de los resultados en las pasadas elecciones en todo el país. Ambos bandos, Morena y los aliancistas del PAN, PRI y PRD sufrieron derrotas, pero también tuvieron simbólicas victorias. Las estrategias fueron distintas, contrapuestas.
Por un lado, el presidente Andrés Manuel López Obrador le apostó a ser ejemplo de buen gobierno y sacar las manos del proceso electoral. Claro que hubo quienes no le hicieron caso, pero también hubo algunos como Claudia Sheinbaum en la CDMX, que fueron ejemplo de un gobierno democrático.
Frente a esto vimos a una oposición articulada en torno a una estrategia orquestada desde la cúpula del poder económico, una fuerte inversión para contratar dirigentes, tener campañas ostentosas y equipos especialistas en manejo de imagen, redes sociales y medios de comunicación.
El resultado fue una campaña inequitativa y fraudulenta. No es lo mismo bombardear a la población con una idea de peligro a sus legítimas aspiraciones, que tratar de desmentirlo desde lo que las redes sociales te permiten sin inyectarle dinero.
En 2018 transitamos de una tiranía oligárquica, el desgobierno de un tirano que representa los intereses de un grupo de potentados, a una democracia. Pero hay diferentes tipos de democracia y los oligarcas quieren hacer creer que estamos en la peor de ellas, la despótica, con alto riesgo de transitar hacia una tiranía.
El peligro: los ricos, los notables y una parte de la clase media, se sienten agraviados y tienden a unirse para derrocar a la democracia e instaurar una oligarquía.
La solución: transitar a una república. Para ello, se debe respetar y hacer respetar la ley, que ninguna de las partes de la sociedad se sienta oprimida o desvalorada, garantizar el orden y la seguridad de las personas y sus bienes, hacer una buena administración y generar conciencia de clase para resistir el embate oligarca que busca manipular a la clase media.
ENTRE GITANOS.
Los alcaldes (as) electos de la alianza PAN, PRI y PRD se han dado a la tarea de buscar a los líderes de Morena que les ganaron unidades territoriales o secciones electorales. Saben que les conviene sumar en donde son débiles. Morena y la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, deben poner especial atención y evitar más fuga de talentos y liderazgos. El movimiento debe hacerle justicia a toda esa gente que ha dedicado su vida a lograr la transformación de la CDMX. Espacios y formas de apoyar hay muchas, solo falta tomar la decisión. Espero que no quieran hacerlo a través de los grupos de siempre, ya demostraron que no saben sumar.
*Especialista en Ciencia Política y Gobierno.
avilezraul@hotmail.com