La empatía es uno de los grandes recursos intelectuales en donde podemos “adentrarnos” en los “otros", esto es que gracias a las facultades imaginativas, “recreamos” en la mente las situaciones humanas que nuestros congéneres pueden estar viviendo.
Por supuesto que la empatía no aspira a la exactitud, en tanto recurso impreciso donde la imaginación anima circunstancias con la inexactitud propia de lo humano.
Pensar en el dolor de otra persona que, por ejemplo, puede enfrentar una terrible enfermedad, con dolencias difíciles de explicar, provocando estados sensorios que posiblemente jamás hemos sentido, pero que no por la carencia experiencial, quiera decir que no podemos imaginar: vernos en el dolor del sufriente; en el terror del perseguido; en la congoja del señalados donde el prejuicio conduce a la crueldad que siempre será el riesgo del razonamiento técnico: el que sigue instrucciones con rigidez.
La técnica impone reglas que, de seguirlas, nos conducirán a fines calculados. Siguiendo el razonamiento lógico, en su forma más pura, puede abstraerse de muchas cosas en pos del resultado. Cuando se fuerza a un cuerpo lastimado por algún accidente, mantenerlo artificialmente con vida a costa de la dignidad y el más puro amor a lo humano, porque el procedimiento ordena aplicar tales recursos hasta que todo se apague de la peor forma.
Rousseau será uno de los más grandes estudiosos de la empatía, como lo será Herder y Vico.
El pensamiento técnico puede ofrecer un camino esperado, pero es incapaz de salirse del guión para buscar mejores senderos, afectando a la toma de decisiones, he allí la importancia de la educación humanística, que buscando un sano equilibrio entre imaginación y razón, aspiremos a la conformación de un ser en plenitud, sensible a sus semejantes, con mejores facultades para entenderse a sí y a su mundo.
La imaginación se ejercita; se cultiva con el poder de las bellas artes pues, en caso de las letras, la narrativa nos conduce por multitud de vidas; de circunstancias, de hechos que traspasan por mucho la particular experiencia. Citando al gran Óscar Wilde en la “Balada de la cárcel de Reading”: “Quien vive más de una vida, más de una muerte ha de morir”.