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Columnas
Se supone que los trabajadores de una de las principales plantas en la India de la multinacional tecnológica Samsung Electronics, volverán mañana jueves a sus puestos de trabajo, luego de haber estado en huelga desde el 9 de septiembre. Cabe mencionar que Samsung ha enfrentado otras huelgas en Corea del Sur, y el caso de la India no es más que una tendencia que se está expandiendo a países Off Shore de la misma compañía multinacional, máxime que en ese país las condiciones laborales y salariales son famosas por precarias a nivel regional. Mientras tanto, México es el país que más ha aumentado el salario mínimo durante el último lustro, de todos los países de la OCDE, siendo que durante décadas nos mantuvimos en el fondo de la tabla.
El sindicalismo, una de las interpelaciones ideológicas del México revolucionario, parece estar tomando nuevos bríos. Napoleón Gómez Urrutia constituyó legalmente en días pasados, la AGT (Asociación General de las y los trabajadores de México). La nueva central obrera quedo integrada por los sindicatos de mineros, telefonistas, del sistema de transporte colectivo Metro, y del Monte de Piedad, así como la Conferencia Regional Obrera Mexicana (CROM), las confederaciones Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC) y de Obreros, Campesinos y Empleados de México (COCEM).
Las huelgas que están viviéndose en países con alta presencia de mano de obra, incluso altamente calificada, como Corea del Sur y la India, así como la que ha puesto al borde de la quiebra a Boeing, nos muestran que los sindicatos y las corporaciones sindicales están tomando, de nuevo, una enorme fuerza. La globalización, que sirvió a los grandes capitales para rediseñar sus cadenas de producción, también está haciendo que los fenómenos de descontento social se expandan mucho más rápido y más seguros de sí. Es poco probable que los trabajadores de Samsung en la India hubiesen sido tan firmes y eficaces en su paro de labores y planteamientos sin haber tenido información sobre la experiencia de sus colegas en Corea del Sur.
Es difícil predecir la extensión total de una tendencia global, así como su duración. Pero tenemos elementos objetivos que invitan a pensar que estamos en presencia de un cambio de paradigma estatal y social: uno que está modificando el Estado neoliberal hacia otra cosa, que aún no se define. El hecho de que hayan recibido el nobel de economía tres individuos que sostienen la captura estatal por parte de intereses privados en buena parte del mundo, abona a esta percepción. Aunque Acemoglu y Robinson no lo dicen con esas palabras, dicen que muchos Estados crean un marco institucional que produce modelos de producción extractivos, y que conducen a la pauperización de la mayoría y al enriquecimiento de una minoría, todo financiado por actores económicos que acaban determinando su propia regulación. Y esto se llama captura del Estado.
El caso mexicano es más interesante para nosotros porque tenemos un gusto hacia lo doméstico y porque fuimos el país que más pauperizó el salario de las personas a partir de la crisis de 1995. Esto tenía como justificación teórica el axioma neoliberal según el cual el salario mínimo es la razón de las presiones inflacionarias, por lo que hay que congelar el primero para mitigar las segundas.
El sexenio pasado, y como consecuencia de las presiones de EU para subir el salario de los trabajadores industriales mexicanos de modo que las empresas norteamericanas no tuvieran ese incentivo para venir aquí, el salario subió de forma desproporcionada respecto de las décadas anteriores. Resulta que la inflación no estaba ligada al salario mínimo, por lo cual la precarización de este tuvo como única consecuencia el aumento de la pobreza y el aumento de utilidades para los grandes empresarios. Esto no quiere decir que el salario mínimo, empero, no tenga interacciones con otros elementos económicos; sencillamente no sabemos cuáles serán, y este es el momento de observarlas para entender el fenómeno con menos dogmatismo, o al menos con otros dogmas que los que han mostrado su fracaso.
A nivel político, esta tendencia se está manifestando también globalmente. Los populistas y los partidos populares de tinte socialista o siquiera colectivista, tienen en sus plataformas ideológicas y en su retórica, la reivindicación del resentimiento de las clases sociales que se consideran olvidadas por el modelo económico salido del coloquio de Lipmann, osea el neoliberal. Esto se ve con claridad en una buena parte de la base electoral obradorista (ancianos que están fuera de la población económicamente activa, amas de casa, desempleados, estudiantes) pero también en la base de Trump (blancos empobrecidos de la clase obrera).
Así, aunque sea por razones electorales, los movimientos políticos que están tomando el control de los países, están trayendo de vuelta la narrativa marxista de opresores y oprimidos, ricos abusivos y trabajadores virtuosos (no con esas palabras, pero es el mismo molde). Y esto provoca que los líderes sindicales y los actores que pueden organizarlos adquieran nueva relevancia.