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Las lecciones de la gira en Quintana Roo

Las lecciones de la gira en Quintana Roo

Columnas martes 21 de julio de 2026 -



En las giras presidenciales los cortes de listón, los recorridos y las fotografías son apenas la superficie. Lo verdaderamente importante ocurre detrás: la construcción de acuerdos, la lectura del territorio, la coordinación entre los distintos órdenes de gobierno y, sobre todo, la capacidad para anticipar los riesgos. En esa cancha, la reciente visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Quintana Roo dejó más de una lección.
El propósito era claro: supervisar proyectos estratégicos para el desarrollo turístico, revisar el avance de obras emblemáticas, la lucha contra el sargazo y Vivienda del Bienestar. Sin embargo, conforme avanzó la gira, también quedaron expuestas deficiencias de operación política que terminaron por restarle brillo a una visita que debió transcurrir sin sobresaltos.
Las expresiones públicas aparecieron una tras otra. Diversos grupos de ciudadanos lograron acercarse a la comitiva presidencial para plantear inconformidades relacionadas con proyectos turísticos, acceso a espacios públicos y decisiones administrativas. No se trató de protestas espontáneas surgidas de un momento a otro; fueron conflictos que ya existían y que, por alguna razón, no encontraron una ruta institucional de atención antes de que llegara la presidenta. Ese es precisamente el trabajo de la operación política: no impedir que la ciudadanía se manifieste, sino construir canales de diálogo que eviten que los problemas escalen hasta la agenda presidencial.
Las imágenes del recorrido mostraron a una mandataria seria, exigente y visiblemente molesta en distintos momentos de la gira. Pero sería un error dirigir esa lectura exclusivamente hacia una persona. La molestia parecía responder al desarrollo general de una visita con demasiados frentes abiertos, asuntos sin procesar y una coordinación que, sencillamente, no estuvo a la altura.
En ese contexto, vale la pena detenerse en la figura del director general de Fonatur. Sebastián Ramírez cumplió el papel que le correspondía: acompañó a la presidenta durante todo el recorrido, presentó avances de los proyectos estratégicos y fungió como el principal enlace técnico del Gobierno de México en materia turística. Esa responsabilidad la desempeñó con solvencia. Sin embargo, una gira presidencial no depende únicamente del organismo anfitrión. Requiere una sincronización impecable entre la Oficina de la Presidencia, las dependencias federales involucradas, el gobierno de Mara Lezama, los municipios y los equipos responsables de la interlocución política y social. Ahí fue donde la operación mostró fisuras.
Otra enseñanza de esta gira es que la confianza presidencial no exime de la responsabilidad de cuidar cada detalle. Al contrario, la incrementa. En estados de alta complejidad social y turística, anticipar conflictos vale mucho más que resolverlos frente a las cámaras.
Quintana Roo nos recordó una vieja máxima: los problemas que no se atienden antes de que llegue la presidenta, inevitablemente terminan llegando hasta la presidenta.
ENTRE GITANOS
LA BECA QUE DIGNIFICA ESTUDIANTES
Uno de los aciertos más importantes del gobierno de Clara Brugada quizá no esté en una gran obra, sino en entender algo que durante años pasó inadvertido: la desigualdad también se vive en los pequeños gastos de todos los días. La Beca a Universitarias y Universitarios para Transporte y Más, no sólo ayuda a pagar un pasaje. Para miles de jóvenes representa llegar a clases sin la preocupación de no tener para el Metro, comprar una torta antes de entrar al salón, recargar saldo al teléfono para descargar una tarea o avisar que ya llegaron a casa, e incluso adquirir una prenda de ropa sin poner en riesgo la economía familiar. Son gastos que parecen menores, pero que pueden definir si un estudiante permanece o no en la universidad. Clara Brugada entendió que la igualdad de oportunidades no comienza cuando todos se sientan en el mismo salón, sino mucho antes, cuando el gobierno ayuda a reducir las desventajas económicas con las que miles de jóvenes arrancan la carrera. Dignificar la vida cotidiana también es una forma de hacer política social.
*Especialista en Ciencia Política y Gobierno.
avilezraul@hotmail.com


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