¿Que puedes cambiar y que no puedes cambiar?
Durante años se pensó que vivir más tiempo era cuestión de buena genética. Sin embargo, los estudios más recientes en salud pública han demostrado que nuestra esperanza de vida está determinada tanto por nuestro código genético como por nuestro código postal. Es decir, por los genes que heredamos… y por el entorno en el que nacemos, crecemos, trabajamos y envejecemos.
La Organización Mundial de la Salud ha subrayado que los determinantes sociales de la salud como el nivel socioeconómico, el acceso a servicios sanitarios, la educación, la seguridad alimentaria, el medio ambiente y la red de apoyo social tienen un impacto tan profundo como los factores biológicos. De hecho, hay una diferencia de hasta 20 años de esperanza de vida entre personas que viven en barrios a solo unos kilómetros de distancia, dependiendo del país y sus desigualdades.
A esta realidad se suman los hábitos personales: alimentación, ejercicio, sueño, manejo del estrés, consumo de sustancias y relaciones afectivas. Todo ello conforma lo que los epidemiólogos llaman el “cóctel de longevidad”. Se ha estimado que solo entre un 10% y un 20% de la longevidad está determinada genéticamente, mientras que más del 80% depende del estilo de vida y del contexto.
Por ejemplo, el Estudio de Harvard sobre el Desarrollo Adulto, que ha seguido a sus participantes por más de 80 años, encontró que la calidad de las relaciones personales es uno de los factores más determinantes para vivir más y mejor. Y en países como Japón, los habitantes de Okinawa una de las llamadas zonas azules del planeta viven más de 90 años en promedio, gracias a sus rutinas de alimentación balanceada, ejercicio moderado, sentido de propósito (ikigai) y fuerte vínculo comunitario.
En conclusión, sí, nuestros genes importan. Pero también importa si tenemos acceso a agua potable, a frutas y verduras, a parques para caminar, a educación en salud y a una red de apoyo que nos motive a cuidarnos. En otras palabras, vivir más y mejor no es cuestión de suerte, sino de entorno, decisiones y conciencia social.
Sin embargo, en la vida como en todo, como bien decía Ramón de Campoamor: “Nada es verdad, nada es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira.”
Y en este caso, ese cristal está hecho de hábitos… y de coordenadas geográficas.