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Columnas
Las causas profundas de la sociedad arrojan líderes naturales que alcanzan niveles de aprobación en sus municipios, estados y regiones que fácilmente pueden competir con candidatos de cualquier partido político y ganar en las urnas.
La sociedad tiene por hábito de sobrevivencia organizarse para hacer valer su voz. Desde el régimen anterior, el grito de un ciudadano común y corriente, carecía de importancia. Sus causas no eran las del gobierno los problemas de los mexicanos eran contrarias a la alta burocracia.
Gobernados y gobernantes no eran complemento sino dos frentes en el campo de batalla de la lucha diaria. Ante el peligro de que esas causas sociales rebasaran los límites del anonimato, se reprimía.
Es el caso de las madres buscadoras quienes tienen en su andar cotidiano una esperanza viva, una lucha permanente contra la muerte y una actitud firme ante las autoridades de cualquier color. En México los regímenes autoritarios desaparecían personas sin miramientos. Una costumbre que, heredada de los regímenes de la revolución, que incluso fue considerada una manera de preservar la paz social. Se reprimía salvajemente en nombre de la tranquilidad de los mexicanos.
Nohemí Martínez Martagón, es madre de Luis Alberto Calleja Martínez, de 25 años, desaparecido en Poza Rica, Veracruz, el 18 de septiembre de 2010, en el sexenio genocida de Felipe Calderón y la gubernatura de Fidel Herrera, uno de los más corruptos gobernadores que haya tenido Veracruz.
La búsqueda incansable ubicó a dos de los policías federales que lo detuvieron esa noche, uno está prófugo y el otro encarcelado, pero no por eso se conoce el paradero de Luis Alberto. Este proceso de desenmascarar los rostros del poder, llevó a Nohemí Martínez a buscar en cada trozo de tierra un indicio que conduzca a su hijo y a la verdad.
En esa búsqueda compleja, muchos la denominan imposible, Nohemí ahora busca la presidencia municipal del lugar donde su hijo desapreció, Poza Rica. El conocimiento de las entrañas de la tierra, es también saber del interior del monstruo que fue el gobierno y las necesidades de madres que buscan lo mismo a lo largo y ancho del territorio nacional.
La búsqueda de un hijo implica interlocución con todos los niveles de gobierno, de todos los grupos de personas que dentro o fuera de la legalidad, trabajan diariamente para bien o para mal, violentando o pacificando, pero su palabra puede ser una pista para encontrar lo que se busca desesperadamente.
Conocer estos lenguajes hablar estos idiomas, visitar esos lugares, cuestionar la prepotencia que los regímenes cubren, crea un ser político con atribuciones muy sólidas, un inevitable liderazgo y una sensibilidad a flor de piel.
Es hora de impulsar líderes surgidos no sólo del pueblo sino de situaciones sociales adversas que fortalecen la vocación de servicio.