Históricamente, el servicio exterior de muchos países, incluyendo el mexicano, se ha nutrido de ciudadanos excelentes de sus respectivas sociedades, y eso no es un punto superfluo, porque tiene un sentido para el cuidado de los intereses nacionales en el exterior.
Cuando hablamos de "formas", hablamos de recursos simbólicos en posesión de las personas, que se han adquirido ya sea a través de su ámbito de nacimiento, o por la adquisición en una educación que le permite entablar diálogo con otros.
El diálogo, multicitado por el pensamiento liberal, no ha sabido reconocer bien que este no es innato, sino una adquisición que se adquiere a través del estudio y el trato con un mundo que le permite además de concederle valor a la lengua, desarrollar un gusto donde las artes y las ciencias componen una conciencia crítica que es capaz de expresar sus pensamientos, y defender los intereses de sus sociedades cuando es necesario hacerlo.
La educación abre el mundo; representa a sus sociedades con dignidad y permite estrechar vínculos con diversas naciones, resaltando el respeto, la dignidad y el aprecio. Carecer de recursos simbólicos que permitan la correcta comunicación, es fundamental para evitar conflictos de escaladas inconmensurables.
La violencia es la mayor expresión de la comunicación deficiente. Expresarse mal, siendo ambiguo o francamente agresivo, como bien lo sabe T. Hobbes en El Leviatán, trae desgracias a los seres humanos y a las sociedades. Un gobernante soez, ignorante y autoritario, es una mezcla explosiva que al poseer todo aquello que de malo tiene, es el principio de la discordia que las formas correctas evitan. Los pueblos tienden a pagar las incompentencias de sus dirigentes (muy merecido si ellos los escogieron).
El servicio exterior se compone de negociadores con recursos intelectuales que les permiten dialogar y evitar la escalada de la violencia -de presentarse- o refuerzan los vínculos que ennoblecen a sus países de origen, pues son su cara en el exterior.
Un violador, una actriz ignorante del sentido de lo público que es más allá que disfrazarse étnicamente, un acosador, un tipo acusado de vínculos con la delincuencia organizada, no tienen ninguna autoridad para la representación de sus países, y fuera de sus dudosas lealtades a un personaje de dudosas formalidades, que es capaz de agredir públicamente al canciller del país de recepción diplomática, efectivamente nos avergüenza y deja en claro, además de la instulticia del líder, la involución de una sociedad que encabeza la primacía de toda un región que requiere de su liderazgo.