Al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas lo echaron del PRI, llegaron a llamarle quinta columna en asamblea nacional partidista, aunque sin citarlo por su nombre. No había duda de que era aludido, en respuesta a su afán de llevar la democracia al tricolor.
La Corriente Democrática, en la que también participaron Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, hartó a la cúpula priísta, encabezada por el presidente Miguel de la Madrid Hurtado.
Se trataba del hijo del general Lázaro Cárdenas, expropiador del petróleo, así que lo pensaron dos veces antes de sacarlo del partido.
El mismo ingeniero, por lo que había sido su padre para México y el PRI, por su propia trayectoria como militante, ex gobernador de Michoacán, ex senador, no creía ni esperaba que le dieran el adiós.
Daba por hecho que iba a poder seguir su lucha, hasta revertir rancias inercias y costumbres, que permitían el control político total del presidente en turno.
Pretendía sacudir al priísmo, democratizar el proceso de selección del candidato presidencial, cercenar la práctica del “dedazo”, para que no fuera resultado de imposición.
En esa tarea estaba cuando en reunión vecinal, en domicilio particular, en la ahora alcaldía de Azcapotzalco, recibió la noticia de que la dirigencia había emitido una resolución que lo dejaba fuera del partido.
Lo impactó, no dijo que protestaría ni tampoco que estaba feliz o que era una decisión esperada. Perturbado, comentó en pocas palabras que la revisaría.
Al menos públicamente, el ingeniero Cárdenas nunca habló ni insinuó que pretendiera independizarse. Estaba metido en su batalla por la democracia y crecía su Corriente Democrática.
La resolución fue definitiva, no hubo retorno, tampoco el ingeniero apeló. No existían tribunales electorales para defender derechos como militante. Los organismos electorales los tenía controlados el gobierno.
Cuauhtémoc salió del tricolor para convertirse en candidato a la presidencia por el Frente Democrático Nacional, integrado por partidos de izquierda, sobre todo; también fue nominado por el Auténtico de la Revolución Mexicana, que había sido una especie de satélite del PRI.
El caso de Ricardo Monreal es parecido. Empezó en el PRI. Lo abandonó para competir y ganar Zacatecas con la camiseta del Partido de la Revolución Democrática. Después se sumó al Movimiento de Regeneración Nacional. Quiso, sin éxito, ser candidato por Morena para jefe de gobierno en la Ciudad de México; la nominación la perdió en encuesta con Claudia Sheinbaum.
Recompensaron su disciplina, le ofrecieron ser coordinador de la bancada Morena en el Senado.
Ahora, quiere aparecer en la boleta de la elección presidencial de 2024, por su actual partido, nada más que no está de acuerdo en que se utilice la encuesta para seleccionar al candidato, como pretende hacerlo la dirigencia nacional. Aspira a la consulta directa a la militancia
A Cárdenas lo echaron del PRI. A Monreal le podría pasar lo mismo en Morena, no se iría por su voluntad. Hay señales y acciones que lo empujan hacia la puerta, están a la vista.
De cualquier manera, dentro o fuera de su actual partido, no se escaparía de ser medido por encuestas, porque también es instrumento que la oposición coaligada utilizaría para evaluar aspirantes.
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