La Cumbre por la Democracia dio un certificado de no comunismo a México al ser incluido en la reunión, garantía de que defiende la democracia y no es un gobierno autócrata. Anunciada desde la campaña de Joe Biden dicha Cumbre del 9 y 10 de diciembre, pudo denominarse “Síganme los buenos”, porque se realizó en momentos en que a Estados Unidos le urge saber quiénes son sus aliados y, a pesar de sus exclusiones a dicha reunión, pudo ensayar para una segunda cumbre con mayores definiciones.
La cumbre excluyó a Rusia, China, Cuba, Venezuela, Guatemala, Honduras, El Salvador, Bolivia, Corea del Norte. Hubo 110 países invitados. Y con esto la oposición en México vuelve a repensar estrategias de ataque al gobierno, se queda sin armas. Para los conservadores el faro de conocimiento político es la Casa Blanca, y al convocar al gobierno de López Obrador prueba que no es un gobierno autoritario.
Llama la atención que a Perú ni lo invitó ni lo excluyó Biden, como si supiera que el golpe mediático orquestado desde su país contra el presidente Pedro Castillo cumplirá su cometido en el corto plazo. Uno de los pocos acuerdos del encuentro fue fortalecer a la ONU.
La reunión virtual parecía un contrapeso a la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, realizada en México el 18 de septiembre, con la presencia de 17 mandatarios y representantes de igual número de países, donde no se excluyó a nadie. Brasil se autoexcluyó de la Comunidad y del encuentro.
Grupo Puebla se reunió el 30 de noviembre en México, como un “laboratorio de esperanza”, según el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, quien encabezó la reunión que integró a 54 líderes progresistas de 16 países. Como por ejemplo Luis Inácio Lula Da Silva, ex presidente de Brasil, quien podría ganar el próximo año las elecciones presidenciales con un amplio margen, dijo: "La ONU ya no representa lo que representaba.
Es necesario una nueva gobernanza mundial que tenga autoridad moral para resolver conflictos, que construya más igualdad en el mundo".
Los diferentes encuentros dan cuenta de un escenario en blanco y negro, entre pasado y presente. Un retroceso a una renovada y novedosa guerra fría, ante la amenaza de una invasión de Rusia a Ucrania, por el riesgo de que este país se afile a la OTAN y desate un conflicto internacional que obligaría a otros países a definirse.
Hay reacomodos en la política del mundo, un nuevo escenario, sobre todo en América Latina, donde los regímenes progresistas, elegidos por mayorías claras, crean un frente común ante un frágil y conservador Estados Unidos, otrora el gran contrapeso y ahora es sólo parte de una fuerza que requiere de aliados para sobrevivir, como sucede con la oposición en México.