Independientemente de que la desaparición de mujeres, que a últimas fechas se ha acentuado en Nuevo León, es una prueba de fuego para el gobernador, Samuel García -lo es de hecho para cualquier mandatario estatal-, el tema debe estar exento de toda connotación política, porque la realidad es que a nivel nacional el panorama es desolador ya que cada hora violan a dos mujeres; 10 mujeres son asesinadas diariamente y durante el primer trimestre del presente año aumentaron de forma preocupante los feminicidios.
En más cifras, en lo que va de este 2022, tan sólo en Nuevo León, se reportaron 322 denuncias de desapariciones de mujeres, de las cuales 26 siguen sin esclarecerse.
Ante la ola de feminicidios que se registra en México, los colectivos feministas se manifiestan bajo el hashtag #NiUnaMás, pero por parte de las autoridades solo hay oídos sordos. De acuerdo a un estudio de la ONU sobre mujeres realizado en el 2018, cuando ellas crecen, sus factores de riesgo aumentan fuera de la familia.
Si bien la desaparición y muerte de Debanhi Susana Escobar, fue el receptáculo a nivel nacional del malestar e inconformidad de muchísimas mujeres que viven con miedo ante el latente peligro de salir y ya no volver a casa y el tema, lejos de resolverse, se enreda, existen otros casos como el de Yolanda Martínez, de 26 años de edad, cuyo padre, Gerardo Martínez, tuvo que alzar la mano y convocar a colectivos feministas locales para decir que “Yolanda también cuenta”, ello, porque no ha tenido la fuerza del de Debanhi Escobar, a lo mejor porque aún se mantiene la esperanza de que pudiera aparecer viva y como reza un conocido refrán, es precisamente la esperanza la que muere al último y por eso, desde el día de su desaparición, el señor Martínez cada mañana marca al celular de su hija sin hallar respuesta.
Al igual que al padre de Debanhi, Mario Escobar, el de Yolanda, que estuvo en el sepelio de la estudiante de Derecho que no pudo ver cristalizados sus anhelos y cargó el féretro en señal de una solidaridad que va más allá del dolor compartido, lo ha movido la esperanza de encontrar viva a su hija que desapareció el pasado 31 de marzo, cuando salió a buscar trabajo porque es madre soltera de una niña de cuatro años y no regresó.
A 27 días de su desaparición, la búsqueda de Yolanda Martínez se ha intensificado mediante el volanteo y la denuncia, en una etapa por la que también transitaron los padres de Debanhi Susana y la pregunta obligada es, ¿cuántas veces más seremos testigos de escenas como esta? Porque la escalada de feminicidios en México, se ha convertido en un muy desafortunado círculo vicioso en el que priva la ansiedad y la angustia de los familiares de las desaparecidas para no hallarlas muertas.
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