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Larry Diamond, profesor emérito de Ciencia Política de la Universidad de Stanford y democratólogo de renombre mundial, publicó un texto relevante en agosto de 2021 en la revista de política exterior Foreign Affairs que hay que repasar.
Dijo que en los últimos años, una prolongada recesión democrática mundial se ha transformado en algo aún más preocupante: en una "tercera ola inversa" de rupturas democráticas que otro politólogo, Samuel Huntington, advirtió que podría seguir al notable estallido del progreso democrático de la "tercera ola" en las décadas de 1980 y 1990.
Se dolió de que, durante los últimos 15 años, Freedom House había reportado que muchos países habían visto más decrementos que ganancias en derechos políticos y libertades civiles; pero que desde 2015 esa tendencia apuntaba a empeorar. Afirmó que 2015-19 fue el primer lustro desde el comienzo de la tercera ola en 1974, en que más países abandonaron la democracia (12) que los que la abrazaron (7).
Diamond denunció que la tendencia avanzaba y que los líderes populistas “iliberales” estaban degradando la democracia en países como Brasil, India, México y Polonia, y que el autoritarismo sigiloso ya había sacado por completo a Hungría, Filipinas, Turquía y Venezuela de la categoría de democracias.
Recordó que un régimen democrático se sostiene en tres bases. La primera es el estado de derecho, que garantiza que los procedimientos democráticos sean aplicados imparcialmente por un poder judicial independiente y otros órganos reguladores que controlen el abuso de poder. En la mayoría de las democracias avanzadas, estos instrumentos de rendición de cuentas incluyen organismos nacionales para administrar las elecciones y monitorear la corrupción.
La segunda, la soberanía popular: el gobierno del pueblo, que exige que las personas puedan elegir y reemplazar a sus líderes en elecciones regulares, libres y justas. Advirtió, que de manera crucial, las elecciones deben administrarse de manera imparcial, para que los votos válidos se cuenten con precisión y otorguen poder a quienes ganan.
La tercera es la libertad. Un sistema plenamente democrático proporciona fuertes protecciones para las libertades de expresión, prensa, asociación y reunión y garantiza que estén igualmente garantizadas para todos los grupos sociales.
Dijo también que Estados Unidos se enfrentaba a un creciente movimiento desafiante de los fundamentos mismos de la democracia electoral. Si este esfuerzo triunfaba, advirtió que esa nación podría convertirse en la primera democracia industrial avanzada en fracasar, es decir, en dejar de cumplir con las condiciones mínimas para elecciones libres y justas.
Anunció, correctamente, que eso sería catastrófico no sólo para su país, sino que tendría profundas consecuencias mundiales pues la libertad y la democracia se encontraban bajo asedio. Y es por eso, dijo, que ningún evento dañaría más gravemente la causa democrática global que el retroceso democrático de “su campeón más importante”.
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