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@onelortiz
Al momento de escribir estas líneas, en plataformas circulan a la velocidad de la red tres videos, en los cuales policías municipales de Celaya, Guanajuato —entre ellos se escuchan voces de mujeres— golpearon, obligaron a besarse y después a pelearse a dos detenidos presuntamente por robo. Los tres videos causan indignación, porque, de confirmarse su autenticidad, se trataría de una terrible violación a los derechos humanos y una prueba inobjetable del comportamiento policial que el discurso oficial afirma que ya fue erradicado.
Hasta el momento, las autoridades estatales o municipales no han dicho "esta boca es mía", por lo cual desconocemos si los hechos fueron recientes o qué acciones asumió la autoridad en contra de los elementos involucrados. Sin embargo, dichos videos ilustran de cuerpo entero algunas de las prácticas que aún están presentes en los cuerpos policiales.
Videos como estos deberían servir a los legisladores y autoridades ejecutivas para pensar dos veces cuando aprueban leyes electoreras que solo endurecen penas o agregan delitos que legalizan la cárcel sin sentencias, como la Prisión Preventiva Oficiosa. También ilustran la necesidad de que existan comisiones estatales de derechos humanos independientes que estén del lado de la víctima y no que sirvan de tapaderas a los abusos de las autoridades.
No son pocos los casos en que policías, guardias nacionales y elementos de las fuerzas armadas violan los derechos humanos. Una de las prácticas más comunes es sembrarles armas o drogas para justificar el uso de la fuerza. Hubo casos, como en Puebla, en los que hasta la misma cantidad y tipo de droga apareció en posesión de varios detenidos, para poderlos mantener en prisión. Con las recientes reformas bastará sembrarles unos cuantos paquetes de vapeadores.
Nos escandalizamos cuando los policías de condados racistas en Estados Unidos pueden detener a personas por su sola apariencia, pero callamos cuando los policías mexicanos hacen exactamente lo mismo.
No son pocos los policías o fiscales de la vieja guardia que en público o privado dicen que los derechos humanos son un estorbo para combatir a la delincuencia.
Creo en la palabra y la intención de los gobernantes cuando se comprometen a respetar los derechos humanos, pero la realidad en las calles, las carreteras y el campo es otra cosa. Por desgracia, Omar García Harfuch, el super policía del sexenio, no está en cada patrulla, en cada retén o cada operativo. Por desgracia, las comisiones de derechos humanos están bajo el control de los gobernadores. Por fortuna, tenemos a las redes sociales y los medios de comunicación para combatir la impunidad. Eso pienso yo, ¿usted qué opina? La política es de bronce.