La República Democrática del Congo (RDC) posee en las entrañas de su suelo ingentes cantidades de minerales: cobalto, cobre, uranio, coltán, diamantes, estaño… la lista es larga, en verdad es un territorio pletórico de recursos naturales único en el mundo. Cabría suponer que por este hecho los congoleños son prósperos y felices, pero no, la gente del país vive en la pobreza, el atraso y la marginación. Es uno de los mayores ejemplos del saqueo colonial al que una sociedad puede ser sometida.
En 1885 se celebró en Berlín, Alemania, una conferencia de potencias europeas para repartirse el continente africano, con el fin de explotar tranquilamente sus recursos y a habitantes. De esta manera, los belgas se hicieron de la actual RDC; el rey Leopoldo II tomó para sí el territorio y lo convirtió en una enorme empresa para comercializar marfil y maderas preciosas. En el proceso, Leopoldo Dos –uno de los mayores criminales de la historia– y sus súbditos, cometieron atrocidades que ponen la piel de gallina. No me puedo extender sobre este asunto, pero te sugiero, lector-lectora, que busques por tu cuenta y verás las lindezas cometidas por este monstruo.
Pasaron las décadas y el país obtuvo su “independencia” en 1960, lo cual, como es lógico suponer, fue un simple formalismo, porque la estructura creada para saquearlo quedó intacta. La riqueza para los europeos y la pobreza para los africanos. Un joven político nacionalista, llamado Patrice Lumumba, quien era muy popular entre la población, fue nombrado, a regañadientes, como Primer Ministro. En su primer discurso, fuera de programa, y frente al entonces rey belga, Balduino I, expresó su completo rechazo al colonialismo europeo, a la violencia, la crueldad y los crímenes cometidos en su nombre. Lumumba tenía planeado nacionalizar los recursos naturales para beneficiar a los habitantes del país. Significó su sentencia de muerte; el gobierno belga, en contubernio con la CIA gringa, provocó la desestabilización del Congo que derivó en un golpe de Estado para imponer a un títere. Asesinaron a Lumumba y disolvieron su cuerpo en ácido para eliminar cualquier rastro físico y evitar que se convirtiera en mártir.
Pero el efecto fue todo contrario; Patrice Lumumba y su legado son uno de los mayores símbolos de la resistencia anti colonialista en el mundo. En los partidos de la selección de la República Democrática del Congo, previos y durante el mundial de 2026, aparece un aficionado, llamado Michel Kuka Mboladinga, quien, caracterizado como el prócer y llevando los colores nacionales, permanece inmóvil durante todo el partido, adoptando una postura similar a la de Lumumba durante aquel poderoso discurso frente al reyezuelo belga.
Lumumba Vea, que significa “Lumumba Vive”, se ha convertido en un símbolo de su país y ha trascendido más allá de un simple encuentro de futbol; tanto así, que los mismos jugadores del equipo pidieron incluirlo en la delegación congoleña. La inmovilidad de Lumumba Vea transmite un sentimiento de resistencia, orgullo y fortaleza espiritual a los seleccionados y a la RDC entera. Ha puesto de nuevo al héroe en el centro de la atención y renovado la lucha anti colonialista, no sólo en África, sino en el mundo. El futbol es usado como plataforma para vender todo tipo de productos y bienes, pero también puede servir como una vía muy efectiva para transmitir ideas o posturas políticas. Sabedoras de ello, las autoridades gringas le revocaron la visa al personaje. No importa; el mensaje ha sido enviado y abrió la discusión sobre el colonialismo y sus implicaciones. Hasta el jueves…