Síguenos @ContraReplicaMX
Columnas
Si a Trump le molesta tener a una mujer como interlocutora y que tenga una popularidad entre sus gobernados superior a la suya, no se perdonará a sí mismo hacer de esa mujer una líder regional involuntariamente. La falta de conocimientos políticos eleva a su rival a niveles que él mismo no puede alcanzar.
En un juego planetario cavernícola entre la fuerza y la inteligencia, la violencia y la razón, la calidad humana supera al bravucón y lo coloca en su verdadero sitio.
Estados Unidos, con o sin Trump, está acostumbrado a pelear en el callejón bélico de la historia, muestra de inmadurez política, una violencia que su pueblo ya no comparte. La zozobra como estado de ánimo cotidiano de los habitantes de un país en guerra permanente con el mundo, crea el terror a políticas como las actuales. Entonces todo se cuestiona, para qué gastar en educación de los niños si en unos años serán carne de cañón y regresarán del extranjero en bolsas negras, los que sobreviven forman parte de una agonizante adicción.
La historia de las ideas superó la cronología de pensamiento bélico y su poderío exterminador.
Los excesos de prepotencia marcan el final de una política a la que nadie en el mundo teme, a excepción de los estadounidenses. Luego de la plática entre Claudia Sheinbaum y Trump, la derrota final del rancio imperio se aproxima.
La civilidad que obliga el conocimiento de la historia ganó la guerra de mil trincheras a Trump a pesar de que triunfó en algunas batallas sin hacer historia. El gobierno de Estados Unidos por primera vez se enfrenta a una inconformidad social interna generalizada, un conflicto multicolor nuevo que no sabrá sortear en el que podría sucumbir.
Acostumbrado a incendiar lejanas tierras, ignora que el fuego comenzó en su propia casa, donde su verdadero enemigo estaba dormido las adicciones y los cárteles de la droga son las dos caras de una misma moneda, así como las armas que exportan a México para los cárteles, son una cara de la moneda y las adicciones son la otra.
Los mafiosos crecieron entre vencedores y derrotados, y en esa visión intentan seguir jugando al ganador, cegados por dominar un mundo que desconocen. Algunos monarcas del pasado prefieren morir antes de ver surgir nuevos imperios.
Cuando el que se dice vencedor de todas las peleas el derrotado crea en su contrincante un nuevo campeón, quien desde el momento en que reta hace historia, pero, habrá que estar alertas porque para quienes están acostumbrados a los golpes un arreglo pacífico representa una derrota.
Ahora los vencedores no toman esclavos, construyen, con los enemigos de ayer, el futuro. El humanismo convierte en triunfo real la victoria de vencedores y vencidos en favor de la especie humana.