Hace unos días participe como ponente en el “Primer Encuentro de Seminarios Universitarios” celebrado por la UNAM, tuve la oportunidad de hablar de inclusión, mientras reflexionaba la forma en qué abordaría el tema, vino a mi mente la manera en que llegue a convertirme en la primera Diputada Federal del estigmatizado barrio de Tepito, pensé también en mi equipo de trabajo, esos jóvenes que han caminado conmigo.
Nunca me ha gustado ser número en una cifra que algunos maquillan y otros no comprenden, la vida me enseñó a escuchar las historias y comprenderlas desde la empatía, por ello, más que contar números me gusta darle nombre y rostro a cada problema social, porque soy fiel creyente que lo que no se nombra no existe, que es necesario visibilizar realidades y llamarlas por su nombre, más que por un dato.
En este sentido compartí nuestras vivencias, vivencias e historias que son similares a las de muchas y muchos en esta ciudad, mi equipo es esa familia extendida que muchas veces ha anhelado al igual que yo la inclusión en una sociedad como la nuestra, llena de prejuicios impuestos que nos han alejado y violentado, que nos dividen por el lugar donde crecimos, la manera en que hablamos, vestimos y amamos, entre otras tantas cosas. Sin embargo, la grandeza de mi equipo radica en su diversidad y en la forma en que nos abrazamos desde el amor y el respeto por el otro; Cassandra, Uriel, Josh, Roberto, Romanita, Ghadafy, Lupita, Aldair, Samantha, Didi, Deyanira, Elvira y Andrea.
Estos nombres son los rostros de esas personas que tuvieron que aprender a ser fuertes ante las adversidades de la vida, la madre soltera, la madre lesbiana, el joven que sueña con ser ingeniero para llevar a pasear a su madre por el mundo, la lesbiana que llegó a esta ciudad con sueños y metas que hoy está viendo materializados, la madre que decidió ser valiente y romper el silencio ante la violencia familiar que vivía, todos con historias peculiares, con un gran corazón y muchas ganas de hacer de sus sueños realidades.
Nuestra sociedad ha estado marcada por la discriminación de género, por las múltiples violencias que se siguen manifestando en sus diferentes formas, razón por la que he impulsado como legisladora una agenda con perspectiva de género que tiene como objetivo la inclusión, que la escuela, la calle, el trabajo y la casa sean espacios seguros para todas y todos. El sueño por el que trabajo todos los días es el de una sociedad donde la protección de los derechos sea una realidad asequible para cada persona, hasta que la inclusión y la dignidad sean una expresión natural de vida.
María Rosete
#porlosqueamamos