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Columnas
Los medios convencionales, ante la necesidad de darle seguimiento a los cuestionamientos contra el gobierno, ha creado una figura informativa que denomina “expertos”, es una especie de ejército de reserva de personas que quieren sus cinco minutos de fama, pero con poco conocimiento de los temas que los informadores dicen que manejan.
Basta y sobra con que surja un concepto o disposición sea anunciado desde la Presidencia o cualquier secretaría para que se publique su inevitable contrasentido, desmentido, denostando, criticando, incluso anulando dichas disposiciones. Los autores de estos cuestionamientos pertenecen a un grupo denominado expertos, que así nombra la redacción de dichos medios para darle una categoría que no merecen pero que se prestan a ser peones de la desinformación.
Para el caso cualquier persona es buena, falta sólo que muestre disponibilidad y deseos de romper su anonimato. Así, un profesor de matemáticas puede hablar de economía, y un prefecto de secundaria cuestionar los libros de texto, o un monaguillo hablar en nombre del clero. Esos son los expertos que simplemente aparecen como dique de contención para descalificar todo intento de información de la actual administración.
Para darle solidez al artículo, que es una especie de entrevista compartida para aparentar que coinciden “los expertos” en las críticas al gobierno, le otorgan un espacio destacado con el objetivo de llamar ala tención. Si se trata de un medio impreso las declaraciones de esos personajes pueden encontrarse igualmente en la primer aplana.
Si es un medio digital, tiene llamados, ligas y también un lugar destacado en el cuerpo de la primera imagen de los portales informativos. La lectura debe quedar inconclusa ante la banalidad de esos “expertos” que no son capaces de desacreditar obra alguna y que los medios, en su papel de activistas de la oposición adoptaron como genios.
Las notas que tienen como esencia a las personas extraídas del anonimato, sirven a su vez, para que algunos comentaristas del mismo medio, comenten sus dichos y puedan extraer de la conciencia la credibilidad que nunca llega.
La orden es dada desde la mesa de redacción y los reporteros buscan, según el tema, al experto de su preferencia. Si tienen un vecino que despacha en una gasolinera puede hablar de la deuda de Pemex, si tiene un amigo que maneje un microbús, puede hablar de la vialidad o de los problemas del metro, si es velador es capaz de hablar de la seguridad en el país.
La condición esencial que establece el medio es contradecir la declaración, obra o proyecto, con eso es más que suficiente. Lo demás consiste en engañar ilusos, que algunas veces muerden el anzuelo y creen lo que esas personas aseguran, un poco con ganas de creerles por su animadversión al gobierno y otro poco porque finalmente son “expertos”.