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La Copa del Mundo y la hora de México

La Copa del Mundo y la hora de México

Columnas martes 09 de junio de 2026 -



Este jueves 11 de junio no solo inicia una Copa del Mundo. Comienza uno de esos brevesmomentos en la historia de una nación en los que millones de personas, sin importar sus diferencias, vuelven a mirar en la misma dirección.
México es un país apasionado. Aquí debatimos de política, de gobiernos, de partidos, de programas sociales, de seguridad y hasta de los temas más cotidianos. Y está bien. La democracia es pluralidad y contraste de ideas. Sin embargo, también es cierto que hay acontecimientos capaces de recordarnos que antes de nuestras diferencias existe algo más profundo: el orgullo de ser mexicanos.
El futbol logra atravesar con facilidad las fronteras sociales, económicas, ideológicas y generacionales. El mismo partido se ve en una vecindad de Tepito, en una casa de Milpa Alta o en un restaurante de Polanco. Lo siguen quienes votan por Morena, por la oposición o quienes simplemente han decidido alejarse de la política. Lo disfrutan católicos, evangélicos, ateos y agnósticos. Lo sienten empresarios, trabajadores, estudiantes y maestros.
Lo que está por comenzar es un fenómeno social de dimensiones extraordinarias. Durante semanas, México ocupará un lugar privilegiado en la conversación global. Miles de millones de personas observarán nuestras tradiciones, nuestra gastronomía, nuestra cultura y la manera en que vivimos. El mundo entero tendrá los ojos puestos sobre nuestro país.

La Ciudad de México, particularmente, volverá a ocupar un lugar histórico, al ser sede de tres Copas del Mundo y al ser la ciudad que más partidos mundialistas ha albergado. La capital mexicana recibirá visitantes de todos los continentes, idiomas y culturas. Será una oportunidad irrepetible para demostrar que somos una ciudad diversa, hospitalaria y capaz de organizar eventos de talla internacional.
Claro que, el Mundial no desaparecerá los problemas que enfrenta el país, no resolverá la desigualdad, ni la inseguridad, ni los desafíos económicos, ni las legítimas demandas sociales que siguen esperando respuesta. Tampoco es un pretexto para ignorarlos.
Pero no podemos permitir que la confrontación nos impida reconocer la importancia de este momento. Quizá la palabra clave sea “tregua”. No una tregua para dejar de exigir. No una tregua para renunciar a las causas en las que cada quien cree. No una tregua para guardar silencio frente a aquello que consideramos injusto. Se trata de una tregua emocional y cívica. Un espacio temporal para recordar que compartimos mucho más de lo que nos damos cuenta.
En estas semanas, el éxito de México no dependerá solo de los once jugadores que salten a la cancha. Dependerá también de los servidores públicos que mantienen funcionando la ciudad, de quienes atiendan a los visitantes, de los comerciantes, de los transportistas, de los medios de comunicación y de millones de ciudadanos que, con sus acciones cotidianas, contribuirán a construir la imagen que el mundo se llevará de nosotros.
El Mundial es nuestra oportunidad de entender que, por unas semanas, vale la pena bajar el volumen de los agravios y subir el de las coincidencias. Recordar que nuestros problemas individuales, por importantes que sean, no deben eclipsar los momentos de celebración compartida. Después de la final, que sigan los debates, las campañas, las disputas y las diferencias.
Que ruede el balón. Que lleguen los visitantes. Que se escuche el Himno Nacional. Que las plazas, las calles y los estadios se llenen de vida. ¡Qué gane México!
ENTRE GITANOS
LA CIUDAD COMO PROTAGONISTA
El sábado pasado, mientras miles de capitalinos hacían historia en Reforma con la ola más grande del mundo rumbo al Mundial 2026, la jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, mostró buen olfato político al no atraer los reflectores en un evento cuyo protagonismo correspondía a la gente. Un día después inauguró el Jardín Flotante Tlallipan, una obra que será parte de su legado y que, por momentos evoca a los legendarios Jardines Colgantes de Babilonia. En política, saber cuándo aparecer es importante; saber cuándo no hacerlo, muchas veces lo es más.
*Especialista en Ciencia Política y Gobierno.
avilezraul@hotmail.com



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/CR

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