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Columnas
Hoy, que Chiapas puede presumir un cambio sustancial, se respiran aires de transformación, pero sobre todo las primeras manifestaciones de esa pacificación que, como tal, anhelan toda la población del sur del país. Cualesquiera que sean componentes relacionados con ese asunto, podemos encontrar, como tal, avances que, al final de cuentas, se cristalizan como datos que ven reflejados en la disminución de delitos y otras actividades al margen de la ley. La estrategia de seguridad que ha puesto en marcha el gobernador de Chiapas, que se extendió a todo el territorio, es totalmente eficaz. Se nota que están organizados todos los órdenes de gobierno; la mejor prueba de ello, evidentemente, fue la reunión al más alto nivel que sostuvo el mandatario con Omar García Harfuch, uno de los hombres con mayor influencia en el armado de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum.
A estas alturas, si hacemos un corte de caja de más de siete semanas de trabajo continuo, podemos darnos cuenta que, los grandes desafíos que se trazaron antes y después de la campaña, están rindiendo frutos importantes, incluso, las propias estimaciones y las evaluaciones que miden el desempeño de los gobernadores, en su totalidad, coinciden en el respaldo que la gente le ha manifestado a Eduardo Ramírez. Eso lleva, entre muchos aspectos más, una mezcla de voluntad y responsabilidad para cubrir las necesidades de la población civil que, en su inmensa mayoría, apoyan la política pública. Contando con un respaldo de esa naturaleza, entonces, la legitimidad del mandatario irá en aumento, sobre todo en la toma de decisiones asociadas a las acciones que se pongan en marcha. Allí se encuentra la obra, la infraestructura, el campo, la salud y varios otros asuntos que son inherentes para mejorar la calidad de vida.
Eso, hasta cierto punto, se nota en los altos índices de aprobación que tiene el gobernador de Chiapas, Eduardo Ramírez. Lo que ocurre es, desde luego, la labor constante que se realiza en cada trinchera. Volvemos a lo mismo: cuando hay compromiso y se cumplen las promesas de campaña pactadas, se afronta la realidad, eso sí, con mecanismos e instrumentos que den solución a la demanda del pueblo. Nos consta que el gobernador, desde los tiempos que fue coordinador de la fracción parlamentaria de Morena, cumple al pie de la letra lo más sagrado que un ser humano puede tener: el deber irrestricto de concretar lo prometido cuando se toma protesta. Naturalmente, para que eso suceda, a la par del quehacer, hay que construir las condiciones sociales. Eso implica trabajo arduo y una labor los siete días de la semanas para estar al pendientes de cualquier situación y, con ello, activar ese proyecto de gobierno que se elaboró antes de llegar al despacho administrativo.
Se nota que Eduardo Ramírez, con la colaboración de su primer círculo de confianza, armaron un programa y estrategia, en un claro escenario que se vivía, para sentar las bases de la nueva ERA. Por supuesto que cualquier arranque no es nada sencillo; hay que remar contra las adversidades y, sobre todo, con la problemática que se heredó de las pasadas administraciones. Ramírez, con ese olfato, siempre tuvo bien claro cuales son esas necesidades que requerían un giro preponderante. Al comienzo, por ejemplo, se encontraron muchos problemas que poco a poco se han ido corrigiendo sin limitante alguna. Si nos remontamos a los tiempos de campaña, el propio Ramírez Aguilar, una y otra vez, dijo que movilizaría todo el recurso necesario para atender aquellos asuntos que, en definitiva, estaban plenamente identificados como prioridades.
Por eso y por muchas cosas, el grueso de la población, a través de las metodologías que miden el pulso de la ciudadanía, confían plenamente en las políticas públicas que ha puesto en marcha Eduardo Ramírez. Desde mi punto de vista, basándome en los juicios y avances sustanciales, lo denominaría como la ERA de la transformación. Si, muchos dirán que esto solo es el comienzo, sin embargo, cuando los asuntos comienzan con el pie derecho el futuro es prometedor. Vendrán, lo sabemos, más progreso social que, a la par de los programas sociales, lleguen a más rincones del sur del país. De hecho, Chiapas, en esa pacificación, está muy cerca de alcanzar los objetivos que se trazaron. Eso, lo hemos dicho, es gracias a las directrices que se diseñaron como el mejoramiento a los espacios educativos y, de paso, el fortalecimiento a la asistencia de aquellos sectores que, por su vulnerabilidad, requieren mayor atención. Véase en los avances y los propios datos que las instituciones llevan a cabo.
Sin ir más lejos, Eduardo Ramírez, gobernador que sabe cumplir su palabra, está provocando que la nueva ERA, que es un proyecto de gobierno bien estructurado y organizado, esté siendo eficaz, eso sí, en colaboración con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum y todo ese andamiaje de planes que existen para aterrizar proyectos y obras de calidad, como el propio Tren Maya. De esa magnitud visualizamos esta gestión.
A propósito de ello, una de las secretarías que trabaja a tambor batiente, nos cuentan, es la dependencia encargada de la educación. Roger Mandujano, titular de esta área, tiene toda la confianza y el apoyo del gobernador para poner en marcha algunas estrategias de enseñanza y aprendizaje que, como tal, vendrán a fortalecer el desarrollo y, de paso, a reconstruir el tejido social.