Es una constante en todos los gobiernos de todo el mundo, pero en México en este momento y bajo este régimen de supuesta transformación es algo que ya llega a la grosería y también al absurdo.
Lo es no solo porque gritan a los cuatro vientos que son diferentes, cualquier cosa que eso signifique, sino porque hoy encabeza el poder ejecutivo una científica, una experta en ciencia, una agnóstica, una persona que nunca podría, o eso debería ser, rebatir, criticar o contradecir lo que la evidencia científica señala.
Y la evidencia científica, incluso asumiendo que exista cierto sesgo como lo señaló la propia mandataria, nos dice que en México estamos reprobados en prácticamente todas las áreas del conocimiento, que vamos de mal en peor.
Estamos ante un grave problema, nuestros niños no saben leer adecuadamente, no comprenden los textos, y ya ni hablamos de áreas como matemáticas y ciencias en general.
Es un desastre educativo por dónde se le vea, uno más que nunca van a reconocer y que desde luego se carga a su cuenta porque ni modo que digan que la "nueva escuela mexicana" (si usted sabe lo que eso significa le voy a agradecer que me lo diga), fue invento de los neoliberales.
Y, lastimosamente, en lugar de asumir una actitud autocrítica y llevar a cabo acciones de correción o cuando menos prometer que se haría una profunda reflexión para tratar de mejorar y en su caso modificar lo que se tenga que modificar, la científica se puso a refutar los datos científicos aplaudiendo, todavía este fin de semana, su nueva escuela mexicana y el "éxito que solo ella vio de las escuelas públicas.
Es un desastre porque no solo está comprometido el presente nacional, ya de por sí complicado si nos ponemos a ver el cúmulo de cifras y datos que también está semana que pasó nos recetaron con el presupuesto para 2027, sino porque de verdad que México parece tener cada vez un futuro más oscuro.
Es o debería ser verdaderamente escandaloso, porque la científica que entiende de datos, de ciencia, de matemáticas, critica la evidencia científica; como diría mi abuela y para decir suavecito porque en realidad usaba otras palabras: estamos fritos.
Ojalá de verdad este país encuentre el camino, porque ese que nos marcan y que nos dicen que es el correcto para encontrar el crecimiento y el bienestar de verdad que está cada vez más torcido.
Lo peor para México, y lo mejor para ellos, es que este país está lleno de mediocres e ignorantes, hasta ahora han encontrado la fórmula perfecta para que controlando a este tipo de gente se mantengan en el poder: limosnas disfrazadas de programas sociales.
Ya veremos con los años la magnitud del dalo que le hacen al país, mientras sigamos disfrutando el "éxito" de la nueva escuela mexicana y de la revolución de las conciencias.