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La cuchara de Occam

La cuchara de Occam

Columnas jueves 03 de septiembre de 2026 -



Todos conocemos a un amigo, pariente o compañero de trabajo que, al hablar sobre cualquier tema de coyuntura (que puede ser la negociación del T-MEC, pero también un partido de fútbol), nos dice a todos los presentes que nuestra lectura del fenómeno, la que sea que tengamos, es demasiado burda porque no vemos lo que hay atrás, y sobre todo, a los que están atrás. Es decir, la realidad es una fachada para tontos porque el verdadero significado de las cosas está oculto, y requiere que alguien - como el susodicho- les aplique su poderosa inteligencia para volverlas, valga la redundancia, intelegibles. El problema es que su "método" de develación de las esencias, es siempre una mezcla infantil de paranoia, autoproyección y pensamiento mágico. “Esto es puro circo, ellos ya lo plancharon”, “Yo creo que no nos están diciendo todo”, “No, esto viene de muy arriba”, y otras frases hechas que bien podrían estar en un horóscopo. Sus laconismos implican que, en su cabeza, puede leer la mente de los poderosos como un libro abierto. Además, como es imposible probar hechos negativos o contrastar sus vagas teorías con el cúmulo de información que nos desborda 24/7, este fantoche suele tener siempre un lugar en la mesa. Para quedar claros: los hechos que se nos presentan como espectadores, lectores, electores, etc., a veces requieren de interpretación, y hablando de política, a veces esconden, efectivamente, una verdad opuesta a lo que literalmente vemos. Esto es así porque parte de la estrategia es simulación, parte acuerdos velados, y en la era de populismo digital, de desplantes performativos. Los personajes públicos, cuando le hablan a su audiencia, están cuidando su imagen pero también consolidando su identidad, su "branding". Y por eso gran parte de sus acciones se dirigen a su público, y no a sus adversarios, críticos o incluso a sus socios. Si el presidente de los Estados Unidos en los años 60s o 70s se hubiese comportado como Donald Trump, amenazando a todos y hablando casualmente de bombardear países, la mutua aniquilación asegurada hubiese llegado más pronto que tarde. Porque entonces se hubiera tomado en serio por la Unión Soviética, China y los de enfrente. Hoy el tablero político tiene que filtrar varios niveles de narrativa dependiendo el análisis que se quiera hacer, y uno de ellos, efectivamente, se basa en disipar la polvareda de lo que se dice para fijarse en lo que se hace, porque ahí están las verdaderas intenciones. Sin embargo, la propia narrativa es parte de la estrategia, tanto de coerción como de legitimación política, y por eso la malicia de babero de nuestro bufón que le juega al detective, no funciona. La navaja de Occam (asumir que la respuesta más simple a un problema es usualmente la correcta) no es una herramienta que pueda usarse de manera indiscriminada en ninguno de los asuntos humanos, porque los humanos podemos mentir, engañar, malentender y cambiar de opinión. Pero ser un Occam en reversa, y decir que nada es lo que parece, así, porque no, porque así qué chiste, es mucho peor.


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