Síguenos @ContraReplicaMX
Columnas
Después de las elecciones del 2 de junio la oposición se quedó sin voto que pueda cambiar las decisiones de la mayoría legislativa, pero no por eso debe quedarse sin voz. Dentro y fuera de las cámaras habrá opiniones de los opositores que serán tomadas en cuenta a la hora de aprobar iniciativas y propuestas.
La queja de los líderes de los tres partidos de oposición, radicaba en que no se les tomaba en cuenta, se muestran invisibles, por voluntad propia, en términos reales en los debates, discusiones, propuestas.
El único que reclamo de la oposición al nuevo gobierno al que llegaron a calificar de dictadura, fu su marginación. La oposición se caracteriza por el nulo conocimiento de la historia. El origen de la palabra dictador tiene su propia historia.
Al regresar Julio César de Egipto, encuentra una Roma devastada por la rebeldía y la delincuencia, que no pudo detener Marco Antonio. El Senado se le había rebelado tres años atrás. A su llegada convocó al Senado para reconstruir la ciudad y poner orden en el imperio y fue decisión del Senado nombrarlo dictador, ante la inminente emergencia, lo cual implica que sus determinaciones no permitían debate previo para ser concretadas. Un rango desechado en la política del imperio.
El Senado seguiría existiendo pero sólo como consejeros, con voz pero sin voto válido. La primera orden de Julio César sin la autorización del Senado fue otorgar la ciudadanía romana a los prisioneros de la guerra galios.
Dictador es aquel cuyos poderes otorgan los otros poderes en consenso. En México la ausencia de votos, producto de la apatía de una disidencia perezosa e improvisada, otorgan al partido en el poder una fuerza que anteriormente no había sido depositada en nadie por la vía legal de las urnas.
Cualquier adjetivación sobre la dictadura, del sexenio anterior o del actual, no sólo es una innecesaria diatriba sino una muestra de ignorancia.
Obtener el poder cuando el pueblo se lo otorga, es un acto de democracia, cualquier otro acto que no sea derivado de la voluntad popular cae en la antidemocracia.
Ante este panorama que tiene similitudes con lo que ahora sucede en México, la Presidenta remonta la historia y anuncia que mantendría con la oposición un diálogo permanente, reclamo desesperado de algunos opositores que creyeron dejarían de ser contrapeso y se dedicarían simplemente a hacer actos de presencia a través de gritos de sus plañideras en tribuna.
La democracia reuqiere contrapesos para consolidarse, el poder requiere opsoción para legitimarse. El problema radica en el extravío de la actual oposición, que tiene en lo cuantitativo la única manera de legislar, de gobernar, de marginarse. Ahora que son minoría absoluta, piden diálogo hasta con las piedras, pero nunca con los conductos que fortalecen su la democracia.