La inmovilidad de la derecha en México impide que la izquierda avance. El partido en el poder se queja de la desarticulación de una derecha moralmente derrotada, pero se engolosina en repetirlo en lugar de rebasarla. Para llevar la delantera es necesario no basar la superioridad del partido en el poder sólo en la cuestión electoral.
La referencia del partido en el poder no puede ser la derrota del contrincante sino una estrategia que vaya más allá de la inmovilidad de la oposición. La derecha se recicla, se vuelve predecible, reitera posiciones y hasta repite candidatos, mientras que el partido en el poder lo recalca para mostrar la debilidad del contrincante, pero es incapaz de mostrar fuerza por sí mismo.
El anunció de la alianza opositora en el Edomex y Coahuila, si bien mueve a risa, es necesario tomar en serio por los contrincantes, porque si bien no hay enemigo pequeño, las fuerzas de la alianza presentan candidatos frágiles, pero como punta de lanza para crear alrededor de ellos toda una imagen falsa previa a la jornada electoral y actuar ese día con la antigua maquinaria de fraude electoral que han practicado toda la vida.
A Morena puede sucederle en las elecciones de junio como lo que sucede en la fábula de la liebre y la tortuga, y quedarse en el intento por no evaluar la posibilidad de golpes, agresiones, fraudes, movilizaciones, encuestas falsas, delitos electorales.
La repetición de las estrategias, legales o no, no muestran por sí mismas la invalidez de sus acciones encaminadas a ganar las elecciones. La ilegalidad en las campañas tiene claroscuros que a veces se vuelven invisibles para la actual autoridad electoral y esto puede revertir cualquier triunfo por holgado que parezca en este momento.
Ambas entidades son gobernadas por el PRI, partido que es el rival más débil en estas elecciones, pero con el poder del gobierno, lo cual representa en sí mismo, un peligro para la democracia; sin embargo, la fuerza mediática la posee el PAN, partido que cuenta con muchas voces y pocos votos, con muchos gritos y pocos militantes, pero hace ruido.
Así como repiten mentiras mil veces para tratar de convertirla en verdad, así repite la derecha sus métodos fraudulentos porque no todo lo ve la autoridad electoral, ya sea por debilidad, interés o incapacidad. Hasta ahora no conocemos un INE sin intereses partidistas incrustados en su cúpula. Todavía no ha habido una sola elección coordinada por el instituto fuera de dudas no en los resultados finales sino en la limpieza de sus procesos.
La oposición es conservadora, intenta conservar todo para que anda se mueva. Esa es la única estrategia, pero al repetirse, vuelven sobre sus pasos para recuperar el pasado, y esto incluye, desde luego, el fraude electoral.