¿Dónde está la oposición? ¿Por qué decidió no participar en la elección de juzgadores? ¿Por qué se replegó en el periodo extraordinario de sesiones (23 de junio-2 de julio) del poder legislativo en el que se aprobaron más de 20 iniciativas? ¿Por qué le bajó a su protesta en el caso Tabasco? ¿Por qué a la sesión de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión en la que se podría cuestionar al senador Adán Augusto López Hernández no asistieron Ricardo Anaya, Alejandro “Alito” Moreno ni Lilly Téllez?
Seguramente la oposición ya se convenció de que sus protestas en México no pasan de hacer ruido mediático, por más que griten e insulten Alito o Lilly desde su escaño o la senadora utilice megáfono cuando le apagan el micrófono. Resultan divertidas sus actuaciones y favorecen el rating de medios, nada más. A la gente, a la población, les da igual. Ya los conoce.
Por eso la oposición ha ajustado su estrategia.
Antes de las elecciones presidenciales de 2024 daba por hecho que ganaría con Xóchitl Gálvez y en última instancia lograría una presencia equilibrada en el poder legislativo que echaría por tierra la intención de renovar al poder judicial. Nada le funcionó. Tampoco tuvo éxito el control de los medios para posicionar a Xóchitl como la candidata maravilla, por la sencilla razón de que han perdido credibilidad los pontífices del micrófono y lo peor es que no se han dado cuenta o no lo quieren aceptar.
¿Cuál es la nueva estrategia?
Actuar fuera de México.
La oposición está operando en el extranjero, cabildeando con el objetivo de disminuir la fuerza de la 4T; es el mejor camino que ha encontrado para quitarle a Morena la mayoría calificada en 2027 e impedir que vuelva a conseguir con sus aliados las dos terceras partes en la Cámara de Diputados.
Hay una ruta que tiene que ver con la capital de los Estados Unidos (Washington), la capital española (Madrid) y la Ciudad de México, con el claro interés de estar cerca y suministrar información a personajes del gobierno norteamericano como Marco Rubio, secretario de Estado, consejero de seguridad nacional y el principal asesor del presidente Donald Trump en asuntos exteriores; y el senador Ted Cruz, abiertamente ultraderechista, contrario al aborto, a los matrimonios del mismo sexo y a legalizar a migrantes que llegan sin papeles a su país.
Lo que menos pareciera importar a cabilderos es si esa información puede perjudicar a los mismos mexicanos. Lo que se busca es que se traduzca en acciones que cuestionen, pongan en entredicho y debiliten la administración que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum.
Por lo que se ha visto hasta ahora, paso a paso el gobierno vecino ha ido tomando decisiones que contrarían o complican el desarrollo nacional, sin que se sepa con certeza si tienen que ver con la interesada y distorsionada información que pudiera estar recibiendo.
En la punta de la pirámide detractora están los nombres de los expresidentes Felipe Calderón y Ernesto Zedillo, sobre todo. El primero tiene estatus de residente en Madrid. El segundo vive en Estados Unidos. Carlos Salinas y Enrique Peña Nieto también son vecinos en España. Carlos mide su ofensiva y Enrique Peña Nieto prefiere ocuparse de sus afectos personales. Entre los cabilderos son mencionados Eduardo Verástegui Córdoba, Eddie Varón, Arturo Sarukhán e Ismael y Francisco García Cabeza de Vaca. Alejandro Moreno Cárdenas viaja cada vez más seguido al extranjero.
Si bien no ha sido posible confirmar, existe la versión de que se ha contratado un despacho en los Estados Unidos, que ayude en ese cabildeo con funcionarios de gobierno y congresistas.
Esa es la apuesta de la oposición, actuar más afuera que adentro.
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