Nos damos una idea muy clara del tamaño de organización y logística que tiene que llevar a cabo la dirigencia nacional de Morena para sostener y, por ende, conducir a buen puerto un proceso interno que está lleno de matices y rasgos particulares. Desde luego que todo esto, por las posiciones que se juegan en las entidades, requiere una operación política muy fina, pero sobre todo sapiencia y oficio para mantener la unidad a estas alturas en las que se promueve una contienda sana. Eso, hasta cierto punto, no ha logrado concretarse del todo; es decir, existe una fuerte tensión que no alcanza un juicio de raciocinio. Todos y todas apuestan a las herramientas que tienen a su alcance para sobrellevar un ejercicio álgido que se alimenta de posturas de toda índole. Dada la magnitud, ahora entendemos el mensaje claro de la presidenta para diseñar una participación sin sobresaltos. Algo parecido a la dinámica con la que se involucraron las llamadas corcholatas.
Eso, por un lado, nos permite ubicar el contexto en el que estamos inmersos. A lo largo de estas semanas, entre posturas y respaldos de los aliados, se ha vivido una reconfiguración y un reacomodo de fuerzas que pueden ser el hilo conductor para destrabar un proceso interno, mayormente si está muy dividido. Viéndolo desde ese ángulo, la capacidad de tomar decisiones está en ungir a los ganadores de una encuesta sin el mayor exabrupto. Alcanzada esa meta, se tendrá que asumir un rol protagónico que, mirando las encuestas, es altamente favorable para Morena en la mayoría de las entidades federativas. Hablamos de que no solo acrecentará la hegemonía, sino que se propagará un proyecto que, de norte a sur, ha dado resultados. A quienes nombren, en efecto, tendrán el enorme reto de ganar una elección, eso sí, no cayendo en excesos de confianza por una oposición que se encuentra desestimada por el grueso de la ciudadanía.
Dada la magnitud, tendrá que ser una apuesta muy competitiva; es decir, poner en la primera línea a quienes, a la par de las encuestas, han demostrado esa capacidad de liderazgo. En los tiempos en los que vivimos, por ejemplo, salen a escena varios perfiles con mucha determinación. Una muestra clara de ello, mientras otros se diluyen, es la fortaleza que muestran en buena parte de esta etapa previa. En Nuevo León, donde Morena arrasará, sobresale el nombre de Tatiana Clouthier. Ella, ante su indiscutible liderazgo, conserva la cima de las preferencias y, en esa lógica, se perfila para ser la gobernadora de ese territorio. Aunque el presente no está escrito, tiene no solo el respaldo de Sheinbaum, sino de amplios sectores que ven en su semblanza a una mujer representativa y digna heredera de la Cuarta Transformación.
Quien también está dando el máximo, ahora que la alternancia se asoma, es el alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez. De hecho, hay cada vez más desprecio por el panismo que, a nivel nacional, ha perdido la brújula. Siendo así, Morena no debe renunciar a perder alguna posibilidad. Antes de que eso suceda, se librará una batalla sin cuarteles que, si nos sujetamos a la lógica y la perspectiva de las encuestas, no debería existir ningún sobresalto para darle la coordinación a Cruz. Él, de pies a cabeza, es ampliamente favorito para llevarse la estafeta y, por ende, la gubernatura ante el resquebrajamiento de Acción Nacional, más ahora que el Verde Ecologista, con todo el apoyo hacia el edil, ha sumado en la correlación de fuerzas dentro de la coalición Seguimos Haciendo Historia.
Donde también hay un impulso fuerte hacia un liderazgo, evidentemente, es el proceso interno de Morena en Querétaro. Ante el avance sustancial de Santiago Nieto, que se colará a la coordinación de la defensa del voto, crecen las esperanzas de ganar uno de los enclaves que se han programado como prioridad. Incluso, la fortaleza que muestra el exdirector del IMPI, a estas alturas, la podemos calificar como definitiva. Él será el abanderado de la coalición Seguimos Haciendo Historia. Ya con la estafeta en la mano, entonces sí, vendrá la madre de todas las batallas para brincar a esa posición tan anhelada de ganar la joya de la corona de la derecha. Tiene, viéndolo del lado optimista, todas las condiciones para que así sea. Es más, Morena se ha sostenido mientras Acción Nacional va en picada.
Mientras hablamos de la alternancia como una posibilidad, también hay que decir que la continuidad, al menos en San Luis Potosí, está más que garantizada. La contribución y el poder de convocatoria del Verde Ecologista son prueba suficiente para decir que Ruth González, senadora de la República, será quien cargue con la responsabilidad de continuar con los trabajos de Ricardo Gallardo. De hecho, abiertamente ya se maneja esa posibilidad, toda vez que, ante una multitud, la legisladora fue destapada en pleno aniversario del partido en aquella entidad. Al grito de gobernadora, ante una muchedumbre que abarrotó un espacio, se escuchó su nombre al recibir el reconocimiento que, de plano, es la estafeta o, mejor dicho, la candidatura bajo el vehículo de participación del partido del tucán.
Notas finales
La capacidad política de Claudia Sheinbaum, canalizada a través de Ariadna Montiel, permitió aplicar una auténtica operación cicatriz para desactivar las tensiones que generó la legítima aspiración de Saúl Monreal. Ante ese escenario que amenazaba con escalar, Montiel actuó con precisión y logró asegurar la cohesión interna. Como parte de ese reacomodo, el senador recibirá la estafeta para convertirse en el próximo candidato de Morena a la alcaldía de Fresnillo, Zacatecas, una posición que, en términos políticos, puede ganar sin mayores complicaciones.
Antes de que ese acuerdo se formalice, la clave para asegurar el triunfo estatal radica en la organización. Fue indispensable que prevalecieran el consenso y la negociación para evitar fracturas internas. Se operó, con oficio político, para equilibrar fuerzas y mantener la unidad en un momento decisivo para el proyecto.