Por José García Sánchez
Las condiciones políticas y económicas de Latinoamérica se encaminan hacia la integración regional. La ineficacia del globalismo, y la práctica democrática de los gobiernos no neoliberales tienen frente a sí el reto de crear nuevas alianzas donde contribuyen determinantemente la geografía y la identificación ideológica.
México tiene más coincidencias con el resto de Latinoamérica que entre los países que integran el T-Mec. Para los gobiernos de América Latina, siempre amenazados por el neocolonialismo de Estados Unidos, hay más enemigos que aliados, incluyendo al nuestro.
La próxima salida de la Presidencia de Brasil del militar Jair Bolsonaro, a causa de un inevitable juicio político, representa la primera parte del regreso inevitable de Luiz Inácio Lula da Silva a Brasil. Bolsonaro lleva dos años y medio de cuatro de los periodos presidenciales en la economía más grande de Latinoamérica. Con un malestar social generalizado por su estrategia contra la pandemia, ese país tiene muchas posibilidades de volver a ser gobernado por el Partido del Trabajo que impulsa a Lula da Silva.
El grupo de países gobernados por regímenes nacionalistas, conocedores de la historia no sólo de sus países sino de la región, podrían integrar un frente unido, con fronteras políticas, pero fraternidad histórica. No sería la estrategia de Simón Bolívar a partir de las ideas de Francisco de Miranda, sino un dique de contención ante los embates de una derecha instalada en la agonía de la globalidad que, desesperada, tira a matar ante su inevitable decadencia.
La derecha en Latinoamérica representa no sólo los intereses de quienes más tienen y sus privilegios sino una manera muy particular de revivir la desigualdad económica de los habitantes, el autoritarismo, la discriminación, el colonialismo, incluso podría agregarse que en su ala más radical están nostálgicos por la esclavitud y la Inquisición.
Ahora hay similitud entre las políticas y objetivos de equidad en varios países de la región, por citar algunos Argentina, Venezuela, Bolivia, El Salvador, muy probablemente Brasil y Colombia tienden a sumarse en sus próximas elecciones. Esto significa que tendrán objetivos comunes a partir de los mismos enemigos y objetivos similares, así como necesidades vitales históricas.
La unidad latinoamericana es un proyecto con varios siglos de iniciarse, que puede adaptarse al presente y conformar una alianza más allá del comercio y de las ideas políticas, que sin importar nivel económico o partido en el poder, tengan las mismas necesidades como la exigencia de mantener ilesa su soberanía, impedir la intromisión de otros países en sus campañas, comicios, y resultados electorales. Exigencias esenciales para el desarrollo de los países con regímenes nacionalistas que fortalezcan la región permanentemente agredida por fuerzas extranjeras.
Es el momento ideal para que los pueblos de Latinoamérica reconozcan en su historia las raíces comunes y se defienda la identidad. Juntos serán más fuertes.