Cuando el PRI era el partido más caro del mundo nunca dijeron nada. Ahora que los votos arrojan como resultado que Morena es el partido más caro del mundo todos los demás protestan, pero no es a causa de que el partido en el poder haya tomado la mayoría por asalto como lo hiciera el PRI y el PAN, sino porque el voto otorga más dinero al partido mayoritario.
Aunque sea así, no deja de ser injusto que mientras haya pobreza en México existan partidos con presupuestos millonarios, esto lo plasma la actual ley electoral que Morena quiere reformar, pero la oposición no lee las letras chiquitas y caen en contradicciones por falta de costumbre de leer y trabajar.
El recorte que propone Morena es general a todos los partidos, eso está muy claro, pero no lo entiende la oposición, que, ante la desesperación por desaparecer, argumenta absurdos como el de que mientras más dinero tenga un partido, más posibilidades tiene de recibir dinero de origen ilícito.
Si tiene mucho dinero y debe responder con recibos, facturas y cuentas al INE, para qué necesita dinero de afuera. Pero la oposición le teme a todo lo que implica reforma electoral, en primer lugar, porque se le cae el argumento de que vivimos en una dictadura. Porque no hay ninguna dictadura que elabore y exponga a la sociedad, en debate plural representativo, los puntos de la reforma.
En segundo lugar, porque no quiere que desaparezcan los legisladores plurinominales, donde ellos colocan a sus líderes parlamentarios, amigos, familiares y demás. En tercer lugar, no quieren que se reduzcan las prerrogativas porque no les alcanzaría para pagar las granjas de bots, en las que basan sus campañas de proselitismo, y contratan para que sus consignas parezcan la expresión de multitudes en las redes.
La reforma electoral mostrará el diseño de la anterior que se dedicaba a mantener a los partidos desde los impuestos, en la mayoría de los partidos políticos, las cuotas obligatorias de los militantes ni siquiera se toman en cuenta en los pronósticos de ingresos en su contabilidad, saben que nadie las paga y esperan que el partido les regale todo, con el dinero del pueblo.
Otra de las causas por las que la oposición se ve afectada por la reforma electoral es la elección popular de los consejeros electorales, que se seleccionan en un círculo vicioso a partir de la voluntad de los coordinadores parlamentarios de cada partido.
Es decir, su lugar se lo deben a los partidos, producto de negociaciones previas y a compromisos fuera de las leyes y dentro del fraude que hasta ahora practica el INE.
La oposición es conservadora de origen, con la característica ancestral de temerle a los cambios, porque saben que éstos perjudican sus intereses.