Los mejores tiempos del PRI, cuando el país vivía la dictadura perfecta como diría el escritor peruano Mario Vargas Llosa, ya sólo son historia.
Hoy cada día pierde más militantes y sus dirigentes no han encontrado la forma de revertir la tendencia.
En 2012 todavía tenía 21 gubernaturas, hoy nada más le quedan dos.
En 2012 logró 18 millones 727 mil 398 votos, en 2024 la cifra se redujo a 5 millones 736 mil 420 votos.
En 2012 tenía 212 diputados federales, en la actualidad tiene 37.
En 2012 tenía 52 senadores, hoy solo 14.
En 2012, tenía 4 millones 173 mil 122 militantes, en 2023 disminuyó a 1 millón 411 mil 889. En el presente anda en 1 millón 250 mil.
Las cifras están en registros del Instituto Nacional Electoral (INE) y el 2012 es referencia porque fue cuando recuperó la presidencia de la República que había perdido en el 2000.
El pueblo le había dado una segunda oportunidad y la echó por el caño, no respondió a la expectativa de sus votantes y seguidores; tenían la esperanza de que hubiera aprendido la lección cuando perdió con Vicente Fox.
Si bien Enrique Peña Nieto arrancó su gobierno con éxito al firmar el llamado Pacto por México con los principales partidos, incluido el PRD que decía representar a la izquierda, se desfondó a partir del escándalo de la llamada “Casa Blanca” en la que se vio involucrada Angélica Rivera, actriz y esposa del mexiquense.
Fue tal el descrédito de su administración que, en la siguiente elección, la de 2018, la sociedad volvió a darle la espalda y no parece que lo vaya a perdonar en los siguientes procesos.
Cierto que en las elecciones locales de este año le fue bien en Durango, pero para nada fue mérito de la dirigencia tricolor, sino del gobernador Esteban Villegas quien encabezó la estrategia.
El dirigente nacional del PRI Alejandro Moreno Cárdenas no ha conseguido hacer crecer a su partido, sino por el contrario, cada vez lo hace más chiquito, ocupado en blindarse ante todo tipo de imputaciones y pleitos legales, en vez de robustecer la estructura partidista.
A pesar de los intentos por encerrarlo por supuestos malos manejos de dinero público, sus cabildeos personales y abogados han conseguido mantenerlo a flote. No dudó en acudir a instancias internacionales cuando sintió que su libertad estaba en riesgo.
Resistió los ataques, videos y audios que dio a conocer la gobernadora y su paisana Layda Sansores.
Ni siquiera su expresión de que “a los periodistas hay que matarlos de hambre” mermó su presencia mediática.
A los exdirigentes nacionales de su partido que no lo quieren, el mismo se encargó de desplazarlos. Pretendían quitarle la presidencia y lo único que consiguieron es que modificara los estatutos para prolongar su mandato.
La sesión instructora de la Cámara de Diputados se ha hecho bolas con el proceso de desafuero.
Siendo diputado, hubo momentos en que tuvo que ceder en el sentido del voto de su bancada para apoyar a la mayoría y parar la acción legislativa en su contra.
Para asegurarse de llegar al Senado, se anotó en el primer lugar de la lista plurinominal.
Ahora, convencido de que nada le pueden hacer en instancias judiciales, está a la ofensiva. Empuja todo lo que pueda desacreditar al gobierno en turno, dentro y fuera de México.
En lo personal ha conseguido fortalecerse, nada más que esto también lo ha llevado a desatender la estructura de su partido a tal punto que el registro pende de un hilo, podría perderlo en algunos estados en las elecciones de 2027 y a nivel nacional en la federal de 2030.
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