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Columnas
En este siglo 21, cuando estamos a punto de alcanzar el primer cuarto y vivimos la era de la inteligencia artificial, además de grandes adelantos en la ciencia médica, por decir algunas cosas, también nos hemos deshumanizado.
Esa deshumanización alcanza a todos, desde el ciudadano más común, hasta los líderes globales más encumbrados.
Incluso, los medios de comunicación parecen haber perdido la brújula y no condenan con la suficiencia necesaria los crímenes que se cometen.
No es necesario ir muy lejos, en nuestro propio país ae ha normalizado la criminalidad, hablar de uno, dos o cien muertos es cotidiano, y después lo que sigue
Pero la muerte de una sola persona debería ser motivo de escándalo, y si en esa muerte presuntamente tuvo que ver uno de los grandes líderes globales, el escándalo debería ser mayúsculo.
El pasado 18 de febrero, Alexander Navalny, el más importante líder opositor se la última década al régimen de Vladimir Putin, salía a dar el paseo al que tenía derecho en la cárcel de la inhóspita Siberia, donde estaba recluido desde que regresó a Rusia desde Alemania en el año 2021, por causas que nunca fueron esclarecidas.
Poco antes de terminar el paseo, según se supo, el presidiario simplemente se empezó a sentir mal, se desvaneció y murió.
La sombra de la sospecha recayó de inmediato en su carcelero y archienemigo, el líder de esa potencia nuclear, Rusia, Vladimir Putin.
Es casi seguro que nunca se sepa la verdad total, pudo haber sido asesinado o simplemente murió, pero Putin se ha hecho de fama de exterminador ee sus enemigos, dentro y fuera del país.
Un supuesto crimen contra Navalny es terrible, como el de contra cualquier otro hombre.
Pero además, si existe el agravante de que fue eliminado por un hombre que es sumamente poderoso, que tiene en sus manos armas nucleares y que de hecho tiene desde hace dos años a su país en guerra, las alarmas deberían estar encendidas.
No sabemos hasta dónde sea capaz de llegar un líder con tanto poder, evidentemente no es el único líder con armas nucleares en las manos y eso por absurdo que parezca es favorable para el equilibrio del mundo, pero un supuesto asesino con tan inmenso poder, es un peligro para el mundo.
Lo que es la vida, cuando el locuaz "hombre naranja" llegó a la presidencia de su país muchos advertían de riesgos por su aparente desequilibrio mental, este personaje tiene muchas posibilidades de regresar a la Casa Blanca pese a que armó y alentó una revuelta que casi termina en tragedia para la mayor democracia del planeta, pero el mundo en cambio no parece reparar en un autómata que por lo visto es más peligroso de lo que todos se imaginan, es un peligro mundial.
Ya que hablamos de autócratas, ¿por qué están de regreso con tanta fuerza?, la historia nos da la respuesta pero no la escuchamos, en próxima entrega lo abordamos.