Mientras la atención pública se concentra en temas políticos, electorales y, sobre todo, en la fiebre mundialista, una negociación de enorme trascendencia económica ya está en marcha: la revisión formal del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Lejos de ser un simple trámite técnico, el proceso se perfila como una de las discusiones comerciales más relevantes para América del Norte durante la presente década.
La información disponible confirma que Estados Unidos y México han iniciado rondas formales de negociación como parte de la revisión sexenal del acuerdo. Las reuniones celebradas en Ciudad de México y Washington han abordado temas estratégicos como reglas de origen, seguridad económica, agricultura y condiciones de competencia.
Dentro del capítulo agroalimentario destacan tres asuntos particularmente sensibles: las medidas fitosanitarias, la política de biotecnología agrícola, especialmente relacionada con el maíz genéticamente mejorado, y el acceso de productos agropecuarios a los mercados regionales.
Diversos análisis especializados anticipan que Estados Unidos presionará para ampliar el reconocimiento de productos biotecnológicos y reducir barreras regulatorias que considera restrictivas para sus productores.
Sin embargo, más allá de los discursos políticos y de las tensiones propias de cualquier negociación comercial, existe una realidad económica difícil de ignorar: la integración agroalimentaria de América del Norte ha alcanzado niveles históricos.
Los productores mexicanos, estadounidenses y canadienses forman parte de cadenas productivas altamente complementarias, donde insumos, tecnología, logística y mercados dependen unos de otros. Incluso sectores empresariales y agrícolas estadounidenses han manifestado preocupación por cualquier escenario que ponga en riesgo esta interdependencia comercial.
Mi pronóstico es claro:
Veremos meses de negociaciones intensas, declaraciones políticas de alto voltaje y presiones sectoriales para obtener ventajas específicas. Habrá ajustes regulatorios, nuevas exigencias en materia de trazabilidad, sanidad e innovación tecnológica, pero no una ruptura estructural del modelo agroalimentario regional.
La razón es sencilla. El campo de América del Norte ya no funciona como tres economías aisladas, sino como una sola plataforma productiva que compite frente a gigantes globales como China, Brasil, India y la Unión Europea. Romper esa integración tendría costos económicos demasiado elevados para los tres países.
México llegará a esta revisión con fortalezas importantes: liderazgo exportador en frutas, hortalizas, cerveza, aguacate y diversos productos agroindustriales. Estados Unidos mantendrá su interés en ampliar mercados para granos, biotecnología y productos pecuarios. Canadá buscará preservar sus mecanismos de protección en sectores sensibles. Todos negociarán; ninguno podrá darse el lujo de abandonar la mesa.
Por ello, más que una renegociación de ruptura, estamos observando una actualización estratégica del acuerdo comercial más importante del continente. El resultado probablemente será un T-MEC más exigente, más tecnológico y con mayores controles regulatorios, pero también más preparado para competir en un entorno global cada vez más complejo.
Luis P. Cuanalo
@luiscuanalo
Presidente del Colegio de Ingenieros Agroindustriales de México, A.C. (CIAGROIN).
Empresario del sector agroindustrial.
CANACINTRA Sector agroindustrial.