*Por si había alguna duda, la semana pasada el Banco Central de Dinamarca sacó de zona bajo cero su tasa de interés
La semana pasada quedó prácticamente enterrada una era en el mundo con la decisión del jueves del Banco Nacional de Dinamarca de sacar sus tasas de interés de territorio negativo.
Casi junto con el Banco Central Europeo (BCE), el banco central danés decretó también una subida de tipos de 75 puntos básicos (la mayor desde 1998) lo que colocó la tasa de referencia en 0.65%. El aumento es representativo porque Dinamarca fue en 2012 uno de los pioneros en aplicar tipos negativos y, a excepción de unos escasos meses en 2014 con una tasa del 0.05%, así los ha mantuvo todo este tiempo.
Así, en el mundo desarrollado y en el planeta en general solamente quedan dos bancos centrales que mantienen las tasas de interés negativas, cada uno con su propia coyuntura pero con intensas presiones que podrían a dar un paso en contra de esta política monetaria.
Está el Banco de Japón (BoJ) y el Banco Nacional Suizo (SNB). El banco central nipón no se plantea variar su rumbo (los tipos se mantienen en el -0.1%) más allá de sus problemas para respaldar a un yen que vive uno de sus peores momentos en la historia.
Por su parte, el instituto monetario suizo está en la senda de sus pares europeos y se prevé que pronto revierta la tasa desde territorio negativo, en donde actualmente se ubica sobre un nivel de -0-25%.
Fue en 2012 cuando Dinamarca llevó sus tasas a territorio negativo para disuadir a los inversores de comprar una fuerte corona danesa; analistas apostaban por un aumento menor del banco central, precisamente por la fortaleza de la divisa, pero fueron sorprendidos.
Es importante recordar que la corona mantiene un tipo de cambio establecido con el euro desde el año 2000 que solo le permite oscilar 2.25% arriba o abajo respecto al patrón de 7.46038 coronas por euro. El banco central danés se ha visto habitualmente en la necesidad de cortar la fortaleza de su moneda para mantener este rango, y para no perjudicar las importantes exportaciones del país.
Dinamarca fue ejemplo a seguir por Suecia y la zona euro, junto con Suiza y Japón. A partir de 2019, la Reserva Federal de Estados Unidos se enfrentó a la presión del entonces presidente estadounidense Donald Trump para unirse a ellos, aunque el organismo liderado por Jerome Powell finalmente se resistió.
La política de tipos negativos de Dinamarca puso a prueba a los bancos, ya que las entidades se vieron en la posición inédita de, no solo no remunerar los depósitos, sino cobrar a los propios clientes por dejar su dinero en el banco.
De igual forma, se llegó al punto de conceder hipotecas con tipo negativo, algo nunca visto que sorprendió a propios y extraños. Uno de los casos fue el de Jyske Bank, anunciando la concesión de hipotecas al -0.5% de interés. Aunque en la práctica el pago de las comisiones y de tasas derivadas situaban el porcentaje en positivo, se sentaba un precedente.
Pero, esta década de tasas bajo cero en Dinamarca ha provocado una burbuja de precios de los activos que generan preocupaciones sobre la estabilidad financiera. En este contexto, el fin de la era de los tipos negativos en el país coincide con la salida del gobernador del banco central, Lars Rohde, que anunció la semana pasada su jubilación en enero próximo tras una década al frente.
Dinamarca es un país muy lejano a nosotros, geográfica, cultural y económicamente, sin duda alguna, pero tanto en Europa como en el resto del mundo es el símbolo de lo que pasa en la economía global.
Las tasas de interés en terreno negativo pasaron a mejor vida, se terminó una era y quién sabe cuánto tiempo pase para que regrese, quizás sean décadas.
En este sentido, está la siguiente etapa en la historia monetaria de la humanidad, y la pregunta sigue en el aire: ¿qué tanto subirán las tasas de interés y cuánto perdurarán?