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Columnas
Como la primera Diputada Federal del estigmatizado barrio de Tepito nunca me ha gustado ser número en una cifra que algunos maquillan y otros no comprenden, la vida me enseñó a escuchar las historias y comprenderlas desde la empatía, por ello, más que contar números me gusta darle nombre y rostro a cada problema social, porque soy fiel creyente que lo que no se nombra no existe, que es necesario visibilizar realidades y llamarlas por su nombre, más que por un dato en un resumen.
Quienes nacimos en lugares estigmatizados, hemos anhelado la inclusión en una sociedad como la nuestra, llena de prejuicios impuestos que nos han alejado y violentado, que nos dividen por el lugar donde crecimos, la manera en que hablamos, vestimos y amamos, entre otras tantas cosas.
Aquellas personas que tienen que ser fuertes ante las adversidades de la vida, al hombre que ha vivido en carne propia la injusticia de un sistema que le privó de su libertad, su delito, amar a alguien que lo violentaba; el joven que por ser aceptado y pertenecer a un grupo, cruzó e hizo frente a la tormenta de las drogas; la madre lesbiana, que trabaja y lucha por salir adelante, la que ha sacado fortaleza de los momentos difíciles, la que es feliz porque defiende su derecho a amar; la madre y abuela a quien la vida le ha enseñado a ser fuerte desde niña, cuando ser fuerte era la única opción para sobrevivir en la adversidad del machismo que imperaba en las calles del barrio bravo, la misma que ante la violencia familiar, supo ser una vez más, la más valiente para romper el silencio, la que hoy se esfuerza por emprender su propio negocio y ver materializado su sueño de una casa propia; la de la joven que soñó con ser abogada y hoy vive su propio sueño, desde la responsabilidad de ser madre soltera, la que no estuvo exenta de vivir violencia familiar y hoy hace frente a su agresor, con el respaldo de su familia y la red de apoyo; el joven parte de la comunidad LGBT, recién egresado que anhela convertirse en un gran profesionista para poder dar a sus padres apoyo económico; la mujer lesbiana cuya abuela soñó sus sueños en el campo, la misma que migro a esta ciudad con el anhelo de hacer una carrera política.
Nuestra sociedad ha estado marcada por la discriminación de género, por las múltiples violencias que se siguen manifestando en sus diferentes formas, razón por la que he impulsado como legisladora una agenda con perspectiva de género que tiene como objetivo la inclusión, que la escuela, la calle, el trabajo y la casa sean espacios seguros para todas y todos.
El sueño por el que trabajo todos los días es el de una sociedad donde la protección de los derechos sea una realidad asequible para cada persona, hasta que la inclusión y la dignidad sean una expresión natural de vida.
María Rosete
#porlosqueamamos