Iron Maiden hace temblar al Estadio GNP con un viaje brutal por sus 50 años
Iron Maiden en CDMX: la banda celebra 50 años con un explosivo viaje por sus clásicos
Iron Maiden desató la euforia en CDMX con un viaje por sus primeros discos y cinco décadas de metal.
La historia de Iron Maiden volvió a cobrar vida en la Ciudad de México. El Estadio GNP Seguros se convirtió en escenario de una celebración monumental por los 50 años de la banda británica, dentro de su Run For Your Lives World Tour.
Desde los primeros acordes de “Murders in the Rue Morgue”, incluida en Killers (1981), quedó claro que el concierto no sería una simple colección de éxitos, sino un recorrido por la etapa que cimentó la identidad de una de las agrupaciones fundamentales del heavy metal. La gira, de acuerdo con la propia banda, está concentrada en sus primeros nueve álbumes de estudio.
Bruce Dickinson enciende al público mexicano
“Hola, Ciudad de México”, saludó Bruce Dickinson, alternando español e inglés, antes de agradecer a los asistentes: “Cumplimos 50 años y este es el concierto más grande que hemos hecho en México”.
“Wrathchild”, “Killers” y “Phantom of the Opera” mantuvieron la conexión con los primeros años de Maiden, mientras las miles de voces del estadio acompañaban cada canción.
La intensidad aumentó con “The Number of the Beast”. El clásico provocó el grito de “Maiden, Maiden”, al que Dickinson respondió reconociendo al público mexicano como uno de los mejores del mundo.
De “Infinite Dreams” a un Egipto dominado por Eddie
Uno de los momentos más especiales llegó con “Infinite Dreams”, pieza de Seventh Son of a Seventh Son (1988) que la banda recuperó para esta gira después de décadas fuera de sus presentaciones habituales.
“Todos deberíamos tener un sueño y espero que todos sus sueños sean infinitos”, expresó Dickinson antes de que comenzara la canción.
Después llegó “Powerslave” y el escenario se transformó en un monumental paisaje inspirado en el antiguo Egipto, con Eddie convertido en una figura faraónica.
Así, Iron Maiden no sólo celebró cinco décadas: convirtió al Estadio GNP en una máquina del tiempo, donde canciones escritas hace más de 40 años sonaron con la misma fuerza de un himno recién descubierto.