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Un pedazo de México para todos

Un pedazo de México para todos

Columnas martes 06 de octubre de 2026 -


Ser mexicano es una bendición.

Tristemente, mucho de lo que los medios, la prensa y el cine muestran de México se concentra en su lado violento, corrupto y oscuro, como si nuestro país fuera un lugar al que no valiera la pena venir y, mucho menos, vivir. Un lugar color sepia. Pero quienes tenemos la fortuna de conocerlo sabemos que México es muchísimo más. Y algunas experiencias de este año me lo han vuelto a confirmar.

El Mundial de fútbol fue un maravilloso ejemplo. México se convirtió en un anfitrión que recibió con los brazos abiertos a visitantes de todo el mundo, incluso a quienes terminaron dejándonos fuera de la contienda. Les mostramos nuestra fiesta, nuestra alegría, nuestra hospitalidad y esa capacidad tan nuestra de hacer sentir a quien llega que, por unos días, también pertenece.

Hace apenas unas semanas tuve la oportunidad de descubrir mi propia Ciudad de México como un foráneo más. La visita de una persona muy especial, llegado desde el extranjero, me permitió mirar mi país a través de sus ojos, sus sensaciones, sus emociones y, por supuesto, de su expresión de asombro ante todo lo que iba descubriendo.

Porque ver México desde fuera de la comodidad de ser local nos obliga a abrir los ojos y dejar de dar por sentadas tantas maravillas que tenemos a nuestro alcance.

Y como estas líneas son gastronómicas, quiero compartirles algunos de los lugares y platillos que formaron parte de esta experiencia. Desde restaurantes reconocidos por las grandes guías hasta tacos y comida popular, México tiene una gastronomía capaz de sorprender a todos los presupuestos, gustos y niveles de curiosidad.

En Terraza Cha Cha Chá, la comida llegó acompañada de una de esas vistas que explican por sí solas por qué amo esta ciudad: el Monumento a la Revolución y, después, una caminata por el Centro Histórico. Entre los favoritos estuvieron los tuétanos con esquites, el fideo seco y el taco de birria, cada uno con una personalidad y un sabor profundamente mexicanos.

Los Danzantes fue nuestra pequeña puerta de entrada a Oaxaca. Un clásico que permite recorrer, plato a plato, la riqueza de esa cocina. La hoja santa rellena de queso y el chile ancho en nogada rosa estuvieron entre los favoritos, en una experiencia que demuestra por qué la gastronomía oaxaqueña es uno de nuestros grandes orgullos.

En Guizina Oaxaca no podía faltar uno de esos retos que forman parte de conocer realmente nuestra cocina: los insectos. El mole de chicatana y los chapulines con guacamole y queso Oaxaca fueron recibidos con enorme curiosidad y, para mi alegría, con mucho entusiasmo. A ellos se sumaron un pulpo a las brasas perfectamente ejecutado y un pastel de chocolate oaxaqueño con hoja santa que, sinceramente, resulta difícil describir con palabras.

En San Juan del Río, Querétaro, Barbacoa Benjamín volvió a demostrarme que la grandeza gastronómica no siempre necesita manteles largos. Para mí, sigue siendo una de las mejores barbacoas que he probado: suave, de cocción perfecta y a un precio que permite disfrutar sin complicaciones de tacos de espaldilla, montalayo y costilla, acompañados de un buen consomé.

Y si algo aprendí con La Bonvi, fue a cuestionar mis propios prejuicios. Siempre he sido más partidaria del taco callejero, local, aquel que se come sin demasiadas pretensiones. Pero esta taquería de concepto elegante y minimalista me hizo reconocer que un taco también puede convertirse en una experiencia gastronómica sofisticada sin dejar de ser taco. Una visita que, definitivamente, vale la pena.

Pero quizá lo más bonito de esta experiencia fue confirmar algo que muchas veces olvidamos: para conocer verdaderamente un país hay que llegar con disposición a probarlo todo. Seguramente habrá cosas que no nos gusten, pero también aparecerán sabores capaces de regalarnos ese asombro que, conforme crecemos, a veces vamos perdiendo.

En esta ocasión pude ver ese asombro frente a los escamoles, el chicharrón, la barbacoa y hasta unos simples nopales. Alimentos que para nosotros pueden formar parte de lo cotidiano y que, vistos por primera vez por alguien de otra cultura, pueden convertirse en auténticos descubrimientos.

Y, por supuesto, ninguna experiencia mexicana estaría completa sin una carne asada en casa, porque también ahí vive nuestra gastronomía. La familia reunida alrededor de la parrilla, compartiendo comida, conversación y ese bonito camino que llamamos vida. En esta ocasión, con carnes y cortes de H-E-B, cervezas artesanales (incluida mi favorita, La Calavera), nopalitos, chicharrón con carnita y unos frijoles puercos que son una verdadera joya de la cocina de mi cuñado.
Dejo fuera, por razones de espacio, muchísimos otros lugares y experiencias que formaron parte de estos días. Pero me quedo con una certeza: como mexicanos tenemos la enorme responsabilidad de mostrarle al mundo ese México maximalista, generoso, colorido, sabroso, alegre y profundamente humano que tantas veces queda fuera de las historias que se cuentan sobre nosotros.
Y a quienes nos visitan, les diría simplemente: abran los ojos, el corazón y todos los sentidos. México está esperando para recibirlos.
Quiero cerrar estas líneas con una frase que me regaló mi inglés favorito y que se me quedó profundamente grabada:
“Hay un pedazo de México para todos.”

Y creo que tiene razón.

No importa qué te guste, qué comas, qué música escuches, qué paisajes busques o qué tipo de experiencias disfrutes. En este país hay un lugar para ti. Y, seguramente, además encontrarás algo que no sabías que estabas buscando: una dosis generosa de cariño, de arropamiento, de conexión y esas ganas tan mexicanas de hacerte sentir parte de nuestra mesa.

Porque quizá esa sea una de nuestras mayores riquezas: México no solo se visita. México se comparte y se come.

¡Buen provecho!
Amante del Buen Comer

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/CR

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