“La letra con hambre no entra”, cuántas veces hemos escuchado este refrán que refleja la realidad de millones de niñas, niños, adolescentes y jóvenes en todo el país, y cuántas veces también hemos escuchado decir de muchos funcionarios públicos de todos los niveles que para acabar con el deterioro del tejido social y asegurar un futuro para todos los mexicanos, el camino correcto para una sociedad es la educación, sin embargo para que estudien con todo su potencial deben estar bien alimentados.
“La letra con hambre no entra”, nos lo recordó hace unos días la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) cuando en un evento virtual que realizó para presentar el informe global denominado Ready to learn and thrive: school health and nutrition around the world ("Listos para aprender y prosperar: salud y nutrición escolar en todo el mundo), ratificó la importancia de los esfuerzos que la gran mayoría de los países de todo el mundo están realizando para invertir en la salud y la nutrición escolares.
Este informe que realizaron de manera conjunta la UNESCO, UNICEF, el PMA, la FAO, la GPE y la OMS, con el apoyo del Consorcio de Investigación para Salud y Nutrición Escolar, combinó múltiples fuentes de datos y estudios de casos de todo el mundo, logrando obtener la primera descripción general de las políticas y programas en este tema a nivel mundial.
Con esta perspectiva, una de las conclusiones que obtuvo fue que “la provisión de salud y nutrición en los centros en los centros de enseñanza incentiva a los niños a acudir a la escuela y a permanecer en ella”, resaltando que las comidas escolares aumentan las tasas de matriculación y asistencia en un 9% y 8%, respectivamente.
Esta información, aunque sin números, lo sabemos, nos lleva ineludiblemente a preguntarnos por qué de un plumazo desaparecieron el Programa de Escuelas de Tiempo Completo, cuando este se volvió el espacio donde los estudiantes encontraban subsanados estos dos factores: Salud y Nutrición Escolar.
Mientras otros países avanzan, unos más rápido que otros, hacia modelos educativos en donde la alimentación es un elemento fundamental para garantizar el ingreso, permanencia y conclusión en el sistema educativo, en México dimos pasos hacia atrás, llevando a muchas de las niñas y niños que estudiaban en las escuelas de tiempo completo a formar parte de las filas de los 73 millones de las niñas y niños, que este informe considera como los más vulnerables porque siguen sin beneficiarse de estos programas de alimentación.
El documento, por si la parte presupuestal fuera un argumento para no invertir en los alimentos de los estudiantes, argumenta que los programas de alimentación escolar generan US$9 en retorno por cada US$1 invertido. Sin embargo, expone que solo se invierten US$ 2.000 millones cada año para atender las necesidades de salud de las niñas, niños y adolescentes en edad escolar. Al mismo tiempo, se gastan unos US$ 210.000 millones en la educación de este grupo de edad en países de ingresos bajos y medianos bajos.
Ojalá las autoridades educativas federal y estatales, le den una revisada a este informe y en cada línea que lean piensen en los 11 millones de estudiantes mexicanos que dejaron la escuela, estudiantes que van de tres a 29 años y que durante los ciclos escolares 2020-2021 y 2021-2022 diversas circunstancias los alejaron de los centros educativos, pero que sin duda alguna, si tuvieran la certeza de tener un alimento seguro, su decisión por regresar tendría un obstáculo menos, porque “La letra con hambre no entra”.
Mtra. Rosalía Zeferino Salgado
Asesora en Comunicación Estratégica
e Imagen Pública