facebook comscore
¿Qué hace allí la señora Piedra?

¿Qué hace allí la señora Piedra?

Columnas viernes 11 de septiembre de 2020 - 00:48


“¿Y quién es esa señora?”—Expresó un parroquiano cuando se anunciaba la noticia de que la señora Piedra encabezaría a la CNDH.
“Es una víctima del poder”—Contestó un señor mientras daba un sorbo a su expreso hirviente, portando senda playera del Che Guevara, anunciando su paso facultativo.
Yo bebía un americano muy cargado, compartía el pasmo público por la elección de una persona carente de mérito político, académico o social y a quién; sin embargo, la ligaba un enorme aprecio por el poder, que me hizo encontrar una contradicción en la explicación de aquel señor que justificaba al ascenso de una señora por el hecho de ser víctima, al grado de trasgredir la propia ley, para imponerla como emisaria presidencial en una institución que a pesar de los orígenes liberales de la noción de derechos humanos, las izquierdas han abrazado tan gran ideal que se ha quedado como parte innegable de la identidad de las sociedades democráticas. Es extraño que a esta administración le conflictúen las nociones más importantes creadas por la filosofía política moderna.
Los derechos humanos proceden de una doctrina emergida de los conflictos religiosos de los siglos XVI y XVII. La decadencia del derecho natural motivó a la creación de una serie de doctrinas que garantizaran cierto respeto a la integridad personal en donde la deidad ya no interviniera. Autores como J. Locke, en sus dos leyes de la naturaleza (integridad personal y propiedad), fundamenta lo que irá evolucionando hasta convertirse en una limitancia moral y legal del uso del poder sobre la dignidad de cualquier persona. Una invulnerabilidad sustentada en la muy digna integridad personal, censurando a quien la viole. Un gobierno que no garantiza los derechos humanos se enfrenta a un problema de legitimidad.
Ser víctima no es un mérito, es un accidente que puede ser terrible, que no faculta para nada, más que para exponer la muy triste experiencia del dolor. Si bien el dolor genera importantes conocimientos personales, provocando una conmiseración general, para nada enseña principios técnicos que concedan legitimidad para que la persona encabece una institución en un país donde la violación sistemática a los derechos humanos se mantiene como una impune actividad que las madres lastimadas legítimamente exigen, en su calidad de ciudadanas, a un gobierno que incumple con su deber soberano de garantizar la seguridad que a ellas se les ha violado. Es el principio mismo del contrato social.
La señora Piedra solamente tiene el mérito de lucrar con la lamentable desaparición de su hermano, y de contar con la simpatía de esas personas que creen que ser víctima es un pase legítimo a encabezar un cargo de estado. Todos sabemos que el aprecio presidencial es su única y espuria “ventaja”.

Envie un mensaje al numero 55-12-88-20-96 por WhatsApp con la palabra SUSCRIBIR para recibir las noticias más importantes.

/CR

Etiquetas


Notas Relacionadas
Limpieza profunda en la CDMX Columnas
2020-09-22 - 01:28
“UN PROBLEMA SIN NOMBRE” Columnas
2020-09-22 - 01:18
¡Urge  cambio,  CNDH sin rumbo! Columnas
2020-09-22 - 01:13
La felicidad no es un lugar Columnas
2020-09-22 - 01:05
+ -