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¿Se necesitan los líderes?

¿Se necesitan los líderes?

Columnas miércoles 30 de septiembre de 2020 - 01:50

Por Casimiro Femat

Antes de entrar en materia, aunque no es usual, quiero felicitar a los líderes y colaboradores de ContraRéplica, que cumple dos años este 1 de octubre, en hora buena.
Pasemos ahora a la respuesta a la pregunta que da título al presente texto, la cual es ambigua. No necesitamos líderes, si cada uno asume la responsabilidad propia, sobre sus actos y sobre sus obligaciones. Pero también los necesitamos; es decir, los necesitamos aquellos que no asumimos las obligaciones y responsabilidades propias.
Me explico: Al comienzo, según se sabe, por los estudios antropológicos en grupos humanos que han permanecido aislados de la sociedad actual, hubo un tiempo en que cada quien se procuraba lo necesario y cuidaba de su descendencia, sin necesidad de que alguien ajeno normara sus actividades, y cuando había grupos de individuos de más de una pareja, se organizaban de modo que eso les permitía sobrevivir, en un mundo donde no había producción, sino sólo cacería y recolección.
Se hablaba, en la década de los setenta, incluso de tribus en la selva amazónica donde los hijos no eran de quien los engendraba, sino que todos se encargan de cuidar a los hijos del grupo, y algunos de ellos realizaban esta tarea, otros buscaban alimento o algo de lo que tuvieran necesidad. Asimismo, lo que se cazaba o recolectaba, era repartido entre todos y de esa manera no había privilegios, sino que todo funcionaba de acuerdo a las necesidades.
Pasando a los tiempos actuales, creo que las cosas cambian, pues, entre otros factores para que existan los líderes, está la tendencia a dejar a otros las decisiones por la comodidad que eso significa. Generalmente nos allanamos a las decisiones ajenas porque, si las cosas salen mal, el responsable de ello será el que tomó la iniciativa (siempre recuerdo la frase “sólo el que no hace nada no se equivoca”); sin embargo, a veces el precio que se paga por la comodidad es muy alto, es decir, dejar que otros decidan por uno implica pérdida de libertad, estar sujetos a los designios ajenos nos hace dependientes, y depender implica perderse de la satisfacción que nos da lograr algo personal.
Ahora bien, a veces es necesario que alguien dirija, que coordine, pero eso no implica jerarquía. Al respecto, Marvin Harris (“Jefes, cabecillas y abusones”, colección Alianza Cien, Conaculta) menciona que en algunas comunidades primitivas se designaba como jefe a quien era más diestro para las tareas de supervivencia y más generoso y los otros no eran sometidos, sino colaboradores en los que les indicaba para lograr el fin propuesto; es decir, el jefe no tenía a su servicio a los demás, no pedía obediencia ciega, sino que servía a los demás como coordinador y era respetado por su destreza y generosidad, al realizar también parte de las tareas.
Así hay dos tipos de líderes aquellos que lo son por su capacidad para resolver problemas y que son reconocidos por sus aportaciones dentro de su grupo. Ese tipo de líderes puede existir en la actualidad, pues en todo tipo de grupos (colonos, asociaciones profesionales, políticas, etcétera) siempre hay alguien que tiene capacidad para organizar, uno más que es capaz a de diseñar una estrategia o método para lograr el fin colectivo, aún cuando se trate de tareas realizadas en una empresa o un grupo político, ya que si el liderazgo está fundado en la capacidad, nadie duda en acatar las instrucciones del líder.
En el caso de los líderes que lo son porque se crearon circunstancias que les permitieron dirigir un grupo, al convertirse en catalizadores de un descontento y no de un deseo colectivo de resolver problemas o lograr un propósito colectivo en bien de la comunidad, ese tipo de líderes surgidos de la simple oposición, sin un propósito definido, sólo serán tiranos, y al contrario de los surgidos por su capacidad de coordinar las tareas para lograr un beneficio colectivo, necesitarán la fuerza, la intriga, componendas y asociaciones con los personajes siniestros del grupo en cuestión.
Aunque está la contraparte, un grupo compuesto de personas, apáticas, o que sólo se fijan en lo fácil, en el beneficio personal, inconformes siempre, pero sin una visión clara de lo que quien, tendrá como líderes individuos que respondan a esa falta de iniciativa o a la comodidad que les brinda ser totalmente dependientes.

Sobre el tema, hay un texto que a mi me ha parecido muy importante: “Discurso de la servidumbre voluntaria”: ensayo sobre la libertad, del jurista francés Étienne de La Boétie (1530-1563).


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/CR

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