Vámonos haciendo a la idea de que en pocos días más iniciaremos un año de pesadilla. Lo que hemos vivido habrá sido una broma. Lo que viene dejará de ser un partido de preparación para sentarnos a definir lo que será, en serio, las bases para el futuro de México en los siguientes 30 años.
El Presidente Trump le ha quedado claro y no le gusta, por cierto, que la base empresarial norteamericana demande a su Presidente mantener el acuerdo y en no pocos casos “sin tocar lo que está dispuesto” como puede ser el caso claro de los negocios agropecuarios y agroindustriales donde los socios están encantados con lo que México les representa: el mejor comprador con el menor esfuerzo.
Al tiempo Trump se va a ir a fondo pidiendo “las perlas de la vírgen” porque los incumplimientos de nuestro país han sido fragrantes y descarados al grado del cinismo. No es posible fingir demencia. México, desde el sexenio anterior, incumplió cínicamente varios acuerdos que no podían alterarse.
Tampoco los norteamericanos ni los canadienses son “hermanitas de la caridad”. México ha quitado de la mesa a los socios en cuestiones petroleras, energéticas y de minas. Trump ha impuesto aranceles que, por principio, son la primera inconcebible violación al acuerdo trilateral.
Los planes de la 4T en materia de comercio exterior no pasa ni por el tema petrolero, ni por el tema de la generación de energía ni por el terreno de las minas y menos con la idea, ilusoria por cierto, de que México podrá explotar soberanamente el litio. A como se ven las cosas se nos va a quedar encerrado ese recurso sin que ni nosotros ni nuestros socios u empresarios de otras naciones puedan sacarle ventaja a esos recursos naturales que Dios puso en nuestro territorio.
Es claro que el 2026 será un año muy complicado porque sabe Trump que México necesita del acuerdo tanto como ellos aunque muy posiblemente México haya incumplido con mayor cinismo lo acordado cuando él era el Presidente de la Unión Americana en su primer mandato. Entonces calificó al TEMEC como el “mejor acuerdo del mundo jamás firmado”. Hoy ha vuelto a ser el peor desastre de los compromisos comerciales de su país en toda su historia. Así se las gasta Donaldo.
La parte más espinosa de nuestra renegociación consistirá en lo relativo a las REFORMAS ESTRUCTURALES entre las cuales está la Judicial y en breve la electoral. Son temas muy espinosos en los que difícilmente querrá echar marcha atrás la actual Presidente ni el anterior que dicta línea, y no solo línea desde su rancho, allá, “bien lejos”.
Algo caracterizará al año que estamos por recibir y eso será, sin duda, un panorama incierto que definirá las voluntades y sus expresiones en pesos, centavos y dólares los inversionistas nacionales e internacionales.
La Presidente tiene que expresar confianza de que “la economía va bien” e “irá mejor” aunque sepa claramente que el 2026 será un año muy complejo, el más complejo que haya vivido México desde 1995. La enorme diferencia radica que en los noventa tuvimos un Presidente Clinton que se la jugó por su socio y nos sacó adelante con una voluntad financiera que consiguió el retorno de la confianza en 365 días contra un Presidente Trump que no escatimará esfuerzos por hacer “puré de papa” a su socio si ello representa a Estados Unidos la más mínima ventaja histórica.
La Presidente lo sabe. Sabe que el 2026 necesitará mucha cohesión de su partido y no me parece que desde ahora comience a hablarse de “su sucesor” por más que quien ha sido mencionado haya logrado, hasta el momento, un magnífico papel a la sombra de un sexenio en donde se anduvo repartiendo abrazos solidarios.