¿Qué tiene que pasar en Nuevo León para que las cosas cambien? ¿Cuántas crisis más se necesitan para entender que el caos no es estrategia y que gobernar no implica subir historias a Instagram? No es casualidad, se trata de gobernadores que llegan como redentores y terminan entre escándalos, traiciones o denuncias. Rodrigo Medina lo hizo con el PRI; Jaime Rodríguez “El Bronco” como independiente; y ahora Samuel García desde Movimiento Ciudadano, atrapado en una telenovela de ambiciones, licencias exprés, influencers de Estado y un Congreso alborotado.
Samuel, que quiso ser presidente sin renunciar al cargo, sigue en campaña y la administración estatal quedó en manos de su esposa Mariana Rodríguez, quien sin cargo público ni límites legales opera programas, inaugura y firma convenios desde el DIF Nuevo León.
El Congreso local, dominado por una disfuncional alianza PAN-PRI, tampoco ayuda. Han hecho de la confrontación su única propuesta. Entre vetos, gritos, pleitos legales y alianzas de ocasión, lo único que han demostrado es que cuando se juntan, no es para mejorar al estado, sino para repartirse lo poco que aún les queda.
A pesar de ello, no ha faltado el apoyo de la Federación. Desde el sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador, el gobierno federal ha inyectado miles de millones de pesos en infraestructura hidráulica, como el Acueducto El Cuchillo II y ha respaldado proyectos de movilidad como el Tren Suburbano García-Aeropuerto.
Ahora, la presidenta Claudia Sheinbaum ha ratificado ese compromiso. Ha dicho públicamente que apoyará a Nuevo León como parte de su visión de “República con bienestar”. Lo reiteró en su gira de agradecimiento y lo reafirmó al incluir al estado en su agenda de infraestructura ferroviaria. La Federación ha sido institucional, constante y generosa.
Nuevo León necesita una transición política ordenada hacia Morena. No por consigna, no por cálculo electoral, sino porque ya lo intentó todo y nada ha funcionado. El PRI dejó deuda y escándalos. El PAN perdió rumbo hace años. El experimento independiente terminó con su exgobernador preso. Y MC, con su fórmula de influencers, apps y sonrisas, ya pasó de moda.
La Cuarta Transformación no es perfecta, pero tiene algo que Nuevo León ha perdido: estructura, disciplina y visión de Estado. Y, sobre todo, capacidad para articular con la Federación. Ya hay cuadros locales fuertes en Morena, ya hay respaldo social, y ya hay empresarios que, cansados del show, comienzan a voltear a ver la posibilidad de un gobierno serio, aunque no compartan su ideología.
El 2027 parece lejos, pero está a la vuelta de la esquina. Si Morena logra tejer una candidatura local sólida, con perfiles limpios, arraigo y capacidad de interlocución, el escenario está puesto.Nuevo León no necesita más espectáculo. Necesita orden, resultados y una nueva mayoría. La Federación ya hizo su parte. Ahora le toca la gente decidir si continúa con influencers o si da paso a un proyecto con rumbo.
ENTRE GITANOS
GUERRA DE ENCUESTAS
En Nuevo León ya arrancó la guerra de encuestas. Cada aspirante trae la suya y, por supuesto, todos “van arriba”. Lo curioso es que las batallas más duras son internas: naranjas, tricolores y azules compiten entre sí, sin considerar que el desgaste real viene desde Palacio de Gobierno.
Morena, en cambio, camina con sigilo. Entiende que Nuevo León será clave en el norte. Algunos perfiles ya se mueven con método y sin escándalo. Y en tiempos de hartazgo, eso vale más que cualquier gráfica con logo bonito.
EL CONGRESO Y LOS MERCADOS
Qué difícil es encontrar el equilibrio de gestionar desde el Congreso de la CDMX, para apoyar a la gente que más lo necesita, acercándole frutas y verduras a bajo precio, y al mismo tiempo, no afectar al sector popular de los mercados públicos, que tanto han padecido con el crecimiento desmedido de tiendas de autoservicio. Estoy seguro que llegarán a un buen acuerdo, por el bien de los mercados y de la gente.
*Especialista en Ciencia Política y Gobierno.
avilezraul@hotmail.com