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Columnas
La propuesta de transformación del Poder Judicial en México es un tema de enorme relevancia en la actualidad, y ha generado gran polémica, especialmente en lo que respecta a la elección popular de sus miembros. (Aunque debe destacarse que la iniciativa presidencial no se limita únicamente a ese aspecto.) La pregunta central que surge a ese respecto es si la elección popular de los juzgadores podría mejorar la calidad de sus decisiones, particularmente en la construcción de políticas públicas.
En algunos países, como Estados Unidos, Brasil y Argentina, por citar algunos, los jueces son elegidos por voto popular en ciertos niveles. Esta práctica tiene sus ventajas y desventajas. Por un lado, la elección popular podría aumentar la legitimidad de los jueces y fortalecer la conexión entre el Poder Judicial y la ciudadanía. Sin embargo, también existe el riesgo de politización de la justicia y de que los jueces actúen en función de intereses que van mas allá de la recta administración de justicia.
Además, transferirles a los operadores judiciales legitimidad democrática a través del voto popular, podría aumentar el margen la discrecionalidad en su toma de decisiones (lo que se conoce actualmente como “activismo judicial”) lo cual podría incrementar el riesgo de arbitrariedad y falta de predictibilidad en las decisiones judiciales.
Por ello, es fundamental establecer mecanismos de selección de jueces que garanticen la excelencia profesional y la imparcialidad de los mismos.
Incesantemente se ha dicho que los procesos de selección basados en el mérito, y el “conocimiento” medido a través de exámenes, pueden contribuir a fortalecer la confianza en el sistema judicial y a reducir la influencia de intereses políticos o económicos en la selección de jueces, sin embargo, lo cierto es que el modelo de examen de carrera judicial en la actualidad es altamente técnico, memorístico, y enciclopédico. Esos examenes parecen estar destinados a permitir solo el acceso a los propios miembros de la “familia judicial.”
En mi opinión, resulta más importante asegurarse del perfil de los jueces en temas de ética, integridad, sensibilidad a los derechos humanos, perspectiva de género y diversidad cultural, para garantizar que sus decisiones estén fundamentadas en principios universales de justicia, inclusión y respeto a los derechos humanos, así como un actuar humilde, austero, sin pretensión de lujos y con ánimo y vocación de servicio a la sociedad.
El debate sobre la elección de jueces por voto popular debe abordarse de manera integral, considerando no solo los aspectos jurídicos y políticos, sino también los valores democráticos, los derechos humanos y el imperio de la ley.
Flor de Loto: Es fundamental impulsar reformas que fortalezcan la independencia judicial, fomenten la participación ciudadana en la selección de jueces y garanticen el acceso a la justicia social para todas las personas.