El Centro Histórico de la Ciudad de México enfrenta una crisis por el crecimiento desmedido del ambulantaje, que ha provocado afectaciones a la movilidad, la seguridad y la actividad económica de la zona. Autoridades locales y comerciantes establecidos han señalado que la proliferación de vendedores informales, especialmente en calles principales como Madero y 16 de Septiembre, ha generado competencia desleal y un deterioro en la imagen urbana.
Vecinos y locatarios advirtieron que la situación se ha salido de control, pues los espacios públicos se encuentran saturados por puestos semifijos y ambulantes que ocupan banquetas y calles, dificultando el tránsito de peatones y automóviles. “El problema no es nuevo, pero hoy estamos peor que nunca, caminar es casi imposible y los negocios formales estamos perdiendo clientes”, expresó un comerciante de la zona.
De acuerdo con especialistas en urbanismo, la falta de regulación y los operativos insuficientes han permitido la expansión de esta práctica, que además abre la puerta a prácticas de corrupción y cobros ilegales. El problema, subrayan, no solo afecta a los empresarios establecidos, sino también a la seguridad de los visitantes y turistas, quienes deben transitar entre pasillos improvisados en un espacio cada vez más congestionado.
Autoridades capitalinas han anunciado que se reforzarán los operativos de reordenamiento, aunque comerciantes denuncian que las acciones son esporádicas y que, en cuanto se retiran los inspectores, los ambulantes vuelven a instalarse. Mientras tanto, la presión sigue creciendo en una de las zonas más emblemáticas y visitadas de la Ciudad de México, donde el ambulantaje se ha convertido en un reto urgente para la gobernabilidad y la economía local.