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Así no era la historia

Así no era la historia

Columnas jueves 22 de junio de 2023 -

Pocos esperaban (incluso entre los defensores de la 4T) que el país llegara a 2023 con una fotografía económica como la que tenemos hoy. Y esto ocurría también entre quienes tienen algo de idea sobre el funcionamiento de la economía, y que están conscientes de la multiplicidad de fuerzas y variables en operación, muchas de las cuales están fuera del control del presidente o de quien sea.

Entre la pandemia y el discurso gubernamental, de entrada, se esperaba que el gobierno incurriera en un gasto deficitario (recomendado por el FMI en 2020, ni más ni menos) y con ello un efecto dominó con aroma de los años noventa. No ha pasado, y algunas de las decisiones que hubiesen llevado a ese escenario, ya no se tomaron de aquí a que termine la administración.

Por supuesto que hay algunos riesgos. Se habla ya de una desaceleración a nivel global, que necesariamente impactaría la demanda externa, y eso se verá reflejado en la actividad económica en México y el PIB, al ser uno de los componentes principales. Se dice también que en el sistema bancario, los préstamos personales, hipotecas, autofinanciamientos y tarjetas de crédito se han elevado de 3.65 billones en 2018, a 4.89 billones en 2023. Y todos sabemos que cuando los bancos prestan a quien sea, y son puros créditos al consumo, la cruda financiera es espantosa. Esperemos que no.
Llegar a un fin de sexenio o al inicio de uno nuevo sin una crisis económica o una devaluación espectacular, es contraintuitivo para nuestro sentido común de mexicanos.

En algunos sexenios, la caída es estrepitosa y de resonancia global, como en 1995 y 1981; en otros, se pierde entre el ruido coyuntural pero sus efectos se sienten (la devaluación de 40% en el sexenio de EPN, la inflación en el sexenio de Miguel de la Madrid). Lo que no suele suceder es lo contrario (una transición sin crisis), aunque antes de 1976 y en el año 2000 sí ocurrió, así que también es posible.

Se llega al extremo, aunque con palabras elegantes, de aplicar las mismas supersticiones de la lógica futbolística, como aquella maldición del súper líder: “si el peso lleva tanto tiempo bien, es porque se viene una caída como nunca se ha visto”, dicen, aunque sin mayor argumento que la lógica especulativa que opera en todos los mercados de divisas, y que está siempre presente respecto de casi cualquier moneda.

Lo cierto es que la administración federal está haciendo todo lo posible, en lo que importa (acciones, no discursos) para mantener bajo control la economía y el poder adquisitivo del peso hasta el final de su sexenio, porque sabe que ahí es donde truenan todos los proyectos ideológicos, incluido el de la clase política que lo formó y que perdió el poder en 1982. Además, el desempeño del Banco de México, cuya autonomía sí es esencial, ha sido ejemplar.

Que el peso se haya revaluado frente al dólar es algo que ni los boomers ni los de la generación X creíamos que fuera posible.
Creo que encontraremos una esquizofrenia pronunciada en la información económica nacional, de aquí hasta las elecciones de 2024, y creciente conforme se acerquen los comicios.

Esto se debe a varios factores.​El primero de ellos, es que el conjunto de líneas de este gobierno es muy difícil de descifrar, para quien sigue pensando la política con categorías transicionales y econométricas (es decir, casi todos entre los 35 y 60 años de edad). Para quien no está cegado por esas categorías, el nuevo arreglo político mexicano es simplemente un representante más de la tendencia mundial que reivindica la política de antaño sobre la política gerencial impuesta por el neoliberalismo, donde hasta reconocer que se hacía política estaba mal visto. Estos gobiernos suelen ser incendiarios en su retórica pero muy cuidadosos en el control de las variables macro-económicas.

Esto saca de balance a la oposición porque, parte de su modelo de pensamiento, les dice que los populistas son necesariamente partidarios del gasto deficitario con fines clientelares (como Bukele) o francamente estúpidos para asimilar que la economía doméstica no tiene soberanía sobre el sistema monetario internacional (como Chávez y Maduro).

Lo anterior significa que muchos actores políticos de hecho contaban con que los resultados en materia económica fueran mucho peores en México de lo que son, máxime luego de una pandemia que justificaba tanto el endeudamiento excesivo como las expropiaciones a discreción. Pero no pasó.

Es imposible saber si los números se mantendrán positivos, dentro de la tendencia global, hasta que el nuevo gobernante asuma el control en 2024. Lo que es un hecho es que las predicciones catastrofistas, hoy, tienen más de admonición teatral que de evidencia claramente visible y demostrable.

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/CR

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