La Ley General para la Atención y Protección a Personas con la Condición del espectro Autista expedida en 2015, contiene algunas disposiciones que tienen como fin procurar la inclusión social de personas con esta condición, entre otros espacios, en el ámbito laboral.
No obstante, en su texto original, en su artículo 17 fracción VIII establecía la figura de “certificados de habilitación” expedidos por la autoridad responsable señalada en la propia ley, que indicarían su aptitud para desempeñar alguna actividad productiva.
Afortunadamente, esa fracción fue declarada inválida por sentencia de la SCJN recaída a un juicio de Acción de Inconstitucionalidad en 2016.
Teniendo la buena intención de prohibir a los empleadores denegar la posibilidad de contratación laboral a personas con la condición del espectro autista, la mencionada disposición cometía el error de condicionarlos a que “cuenten con certificados de habilitación”, lo cual era a todas luces discriminatorio.
Lo cierto es que también dicha ley se quedó muy corta en cuanto a establecer políticas públicas y ajustes razonables para la visibilización de la condición del espectro autista y la inclusión social y laboral de las personas con dicha condición.
Para empezar, cuando se habla de autismo, muchas personas se enfocan solo en los menores de edad no hablantes. Se ha estereotipado la condición a ese segmento de las personas con autismo. Pero los niños con espectro autista se convierten en adultos autistas. Y no todos los autistas somos no hablantes. Las políticas públicas de inclusión laboral, para personas con una condición “invisible” como es el autismo o cualquier otra neurodivergencia, deben establecer una serie de medidas o ajustes razonables, que permitan a los adultos con espectro autista tener oportunidades reales, no solo de conseguir un trabajo, sino sobre todo, de mantenerse en él en condiciones apropiadas.
El desempeño laboral de las personas con autismo depende en gran medida de que tengan un adecuado clima o ambiente de trabajo, que les permita controlar el flujo y calidad de sus interacciones. Este componente es mucho más importante que las propias habilidades o aptitudes para desarrollar las labores que les sean encomendadas. El cerebro neurodivergente, y en particular el autista, generalmente monotrópico, tiene la habilidad de aprender a desarrollar una sola tarea, en forma eficiente.
“En México estamos muy atrasados en esa materia, y no hay forma de que las empresas tengan esa cultura de inclusión. Simplemente me despiden por tener tantos errores, con la etiqueta de “tonto” e “irresponsable.” Me dijo un adulto funcional con autismo. Y desafortunadamente, tiene razón.
Flor de Loto: El estado mexicano ha quedado mucho a deber en la construcción de política pública y la implementación de medidas que hagan posible la inclusión laboral de personas con la condición del espectro autista y otras neurodivergencias.