El presupuesto de educación para 2026, con un aumento histórico de más de 1.1 billones de pesos, ha sido defendido por el gobierno como una pieza clave para la consolidación de la "Cuarta Transformación".
Al presentar el proyecto, la presidenta Claudia Sheinbaum ha sido enfática: "La educación es un derecho y este se cumple cuando hay honestidad." Esta visión, centrada en el acceso y el bienestar, es el motor detrás de la asignación de recursos.
La principal apuesta de este presupuesto es el ambicioso plan de becas. Mario Delgado, titular de la Secretaría de Educación Pública, ha destacado que "en el 2026, el presupuesto de becas va a superar los 185,000 millones de pesos", lo que permitirá duplicar el número de beneficiarios y alcanzar a más de 21 millones de estudiantes.
Este enfoque se alinea con la idea de que, al aliviar la carga económica de las familias, se garantiza que "nadie se quedará sin lugar".
Desde la perspectiva del gobierno, este presupuesto es un logro indiscutible. La presidenta Sheinbaum ha asegurado que "hay presupuesto para inversión en salud, en educación", lo que busca proyectar una imagen de un gasto equilibrado y enfocado en prioridades sociales.
Las cifras, en efecto, muestran un incremento nominal y la expansión de programas como "La Escuela es Nuestra".
Sin embargo, detrás de estos números, la crítica se centra en la distribución del gasto. Si bien se destinan fondos a la infraestructura y la expansión de espacios, la mayor parte del aumento se concentra en las becas, mientras que otros rubros vitales para la calidad educativa, como la formación docente y la evaluación, sufren recortes.
Esta dualidad entre la cantidad y la calidad plantea un desafío fundamental. Si bien el gobierno garantiza que la educación es un derecho, la pregunta sigue siendo: ¿es un derecho a la educación de excelencia?
Las voces críticas argumentan que, aunque las becas son un apoyo valioso, no pueden ser el único pilar de un sistema educativo robusto. La excelencia académica se construye con aulas equipadas, maestros bien pagados y capacitados, y planes de estudio actualizados. El énfasis en las transferencias directas, sin una inversión paralela en la infraestructura del conocimiento, podría crear una ilusión de progreso.
El presupuesto 2026 es, en esencia, un reflejo de la ideología de la "Cuarta Transformación". Es un gasto social, diseñado para generar un impacto directo y visible en la población. Como señaló Delgado, este presupuesto "reafirma el compromiso de nuestra presidenta con la educación como derecho y motor de transformación".
Sin embargo, el debate continúa. ¿Es posible alcanzar una verdadera transformación educativa invirtiendo principalmente en el acceso, pero descuidando otros elementos que van encaminados a la excelencia educativa? El tiempo y los resultados nos darán la respuesta, todos esperamos que esta sea la decisión correcta.
DRA. ROSALIA ZEFERINO SALGADO
Asesora en Comunicación Estratégica e Imagen Pública