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Columnas
Tomó posesión como presidenta la Dra. Claudia Sheinbaum, primera mujer en la historia de México, lo cual es muy importante, pero considero aún más importante que es la persona idónea para continuar el proyecto de nación que es la 4T.
Sabido es que el futbol en nuestro país es de propiedad privada; por más que en el papel la Femexfut dependa formalmente de la CONADE, en los hechos el gobierno federal poco o nada tiene qué ver con el manejo del balompié profesional. Esta característica ha permitido a los dueños de los equipos hacer y deshacer sin necesidad de rendirle cuentas a nadie. Son incontables los casos de cambios de nombre, logotipo, sede o estadio, que han dejado al público aficionado en la estacada, sin nada qué decir u opinar, o lo que es lo mismo, sistemáticamente los señores del balón se han burlado de quienes en realidad son el centroy razón de ser del deporte profesional.
No siempre fue así; en sus orígenes y durante décadas, los equipos eran, como reza el escudo de algunos de ellos, clubes. A principios del siglo veinte muchos jóvenes entusiastas del deporte aportaron los recursos necesarios para darles vida; surgieron el Pachuca (1892), el América (1916), el Atlante (1918) y otros ya extintos, como el Asturias y el España. Pero conforme el futbol se convirtió en un negocio millonario, los clubes se fueron privatizandouno a uno hasta desaparecer por no tener capacidad para ser competitivos e inclusomantenerse en funcionamiento. Los últimos equipos-club sobrevivientes fueron el Guadalajara, vendido a Grupo Omnilife del empresario Jorge Vergara en 2003 y Atlas de la misma ciudad, que cayó en manos de Ricardo Salinas en 2013 (actualmente es propiedad de Grupo Orlegi, que para “proteger” su inversión cabildeó y obtuvo, la cancelación del ascenso y descenso).
Por lo anterior, para la afición mexicana resulta muy complicado intervenir a fin de lograr un cambio para bien en el decadente futmex, que se degrada y destruye a la vista de todos,sin que nadie pueda hacer nada. Es deseable que los equipos mexicanos vuelvan a ser clubes, lo cual, aunque parece imposible, no es tal; una afición organizada y actuante podría hacer mucho a ese respecto…
En Brasil, por ejemplo, la mayoría de los equipos que militan en las ligas profesionales no pertenecen a nadie en particular, no tienen un dueño privado como sucede en casi todo el mundo, pertenecen a socios y torcedores, como les dicen allá, que pagan cuotas y aportan recursos, los cuales se complementan con la venta de bonos, boletos, acciones, parafernalia, compraventa de jugadores y derechos de transmisión, entre otras fuentes de financiamiento. Es una fórmula que históricamente ha funcionado bien, a pesar de que a veces es difícil mantener a flote las finanzas. Lo que sí es un hecho, es que la gestión resulta mucho másdemocrática: los socios eligen al presidente del club para un mandato de tres años conposibilidad de reelección. ¿Un modelo similar nos vendría bien en México?