Los mexicanos sí quieren casa, invertir y hacer patrimonio, pero siguen viendo al seguro como gasto y no inversión. El problema es que una vivienda puede tardar décadas en pagarse y desaparecer ante un imprevisto en horas.
Hay una paradoja que debería preocupar al mercado inmobiliario, a las aseguradoras y también a quienes compran vivienda: los mexicanos quieren construir patrimonio, pero muy pocos están dispuestos a pagar para protegerlo. Mientras 47% de la población convierte sus sueños en metas financieras y alrededor de 41% coloca comprar una casa o construir un hogar como su principal objetivo, apenas 7% de las viviendas cuenta con un seguro contratado voluntariamente.
Es decir, queremos la casa, buscamos la plusvalía, calculamos la renta, preguntamos por la ubicación y peleamos por conseguir una buena tasa hipotecaria, pero cuando llega el momento de proteger ese patrimonio, el seguro queda al final de la lista.
No es un detalle menor. La vivienda para millones de familias es el activo más importante de su vida. Además, su valor sigue en aumento. En el primer semestre del años los precios de la vivienda aumentaron 7.9% a nivel nacional de acuerdo con la Sociedad Hipotecaria Federal.
Invertimos donde vemos plusvalía, no donde vemos riesgo
La pregunta incómoda es: ¿qué estamos haciendo para proteger esos millones?
Porque los mexicanos sí están mirando dónde invertir. CDMX continúa como uno de los principales destinos; Querétaro, Monterrey y Guadalajara mantienen atractivo por empleo, industria y demanda habitacional, mientras destinos como Mérida y ciudades turísticas también aparecen en el radar de quienes buscan vivir, rentar o tener una segunda propiedad.
Y en vivienda, los números también cuentan una historia: CDMX y Querétaro encabezaron recientemente la rentabilidad residencial entre los principales mercados analizados, mientras Guadalajara y Monterrey mantuvieron atractivo por sus fundamentos económicos.
Aquí el absurdo: podemos invertir millones en una propiedad y escatimar en una póliza que puede ser la diferencia entre tener o perderlo todo.
El seguro no debería llegar con la tragedia
México no necesita otro Otis para recordar que estamos expuestos a huracanes, sismos, inundaciones, incendios y accidentes. La experiencia de Acapulco dejó una lección brutal: cuando un desastre ocurre, la diferencia entre estar asegurado y no estarlo no es conceptual; es económica y puede determinar qué familia logra recuperarse y cuál queda financieramente atrapada.
Según los datos proporcionados por AXA, apenas una cuarta parte de las viviendas tiene algún tipo de seguro, pero buena parte corresponde a coberturas vinculadas con créditos hipotecarios. El aseguramiento voluntario se reduce a ese raquítico 7%.
Más asegurados, pólizas más accesibles
Aquí debería entrar una discusión mucho más seria: cómo ampliar masivamente la base de asegurados para que proteger una vivienda deje de percibirse como un lujo.
Una póliza integral puede representar alrededor de 8 mil a 10 mil pesos anuales, de acuerdo con los datos compartidos por AXA. Frente a una propiedad que vale millones, el costo puede parecer razonable. Pero para una familia que enfrenta renta, hipoteca, alimentos, educación y otros gastos, sigue siendo una decisión que puede postergarse.
Y justamente ahí está el reto del sector: si más mexicanos se aseguraran, habría mayor escala, más competencia y posibilidades de diseñar productos más accesibles y adecuados a cada región y perfil de propietario.
PREGUNTA
¿Está asegurada tu casa?
Escríbeme
twitter @MarielZuniga_
mariel@grupoeconcreto.com
Síguenos en Contrareplica en #youtube y en todas sus plataformas
mariel@grupoconcreto.com