La construcción de la ciclovía en Calzada de Tlalpan ha ocasionado inconformidad entre automovilistas y peatones, debido a la falta de señalización, la reducción de carriles y la presencia de puestos ambulantes en las banquetas.
En ambos sentidos de la vialidad, particularmente en el carril de extrema derecha, se llevan a cabo trabajos de adoquinamiento para habilitar el espacio confinado de bicicletas. Frente a una de las estaciones del Metro de la Línea Azul, los autobuses de pasajeros generan un cuello de botella, ya que el tránsito vehicular se reduce de cuatro a tres carriles.
Los peatones enfrentan dificultades al transitar, pues deben esquivar maquinaria, montículos de material y comercio informal instalado sobre la acera. “Uno ya no sabe por dónde caminar, porque si te vas a la calle corres el riesgo de que te atropellen, y si pasas por la banqueta te topas con los puestos y las obras”, comentó María del Carmen Sánchez, vecina de la colonia Portales.
Para los automovilistas, la situación tampoco es favorable, ya que la señalización es limitada a conos naranjas, algunas mallas plásticas y un par de avisos de tránsito. “De repente te topas con que el carril ya está cerrado y no sabes ni para dónde moverte. Hace unos días casi me estrello porque un coche frenó en seco”, señaló Rodolfo Hernández, conductor que circulaba rumbo al Centro.
El tramo ya concluido, que va de Prolongación División del Norte hacia Río Churubusco con dirección al Centro, carece de señalamientos viales, lo que ha derivado en accidentes, como el ocurrido el pasado lunes, cuando un automóvil perdió el control al confundir la ciclovía con un carril de tránsito.
Choferes de transporte público también expresan afectaciones, pues aseguran que la obra no ha tomado en cuenta su dinámica cotidiana. “Nosotros necesitamos espacio para bajar pasaje en Tlalpan, y ahora con la ciclovía se hace un embudo tremendo”, indicó José Luis Gutiérrez, operador de un autobús de la ruta Taxqueña–Zócalo.