Yo confieso. Este domingo fui funcionaria de casilla, me insacularon porque nací en un bello mayo de hace algunos ayeres, y la organización del INE (quisiera escribir todas en mayúsculas, porque de verdad, un aplauso a la institución) me convocó y acepté porque mi consiente ciudadano me lo exigió: “tienes que estar presente para que luego no te cuenten”.
Acudí con la convicción de no votar, yo -al igual que el resto de los mexicanos, ciudadanos con derechos y obligaciones- no pedí la Consulta de Revocación de Mandato que señala la Constitución debe ser solicitada por la ciudadanía. La pidió el propio Gobierno federal para poner a prueba sus simpatías y, de paso, al Instituto Nacional Electoral (INE), que a su parecer debe ser reformado y liquidado.
La experiencia fue muy buena. Como gustosa de la economía y los números el conteo y el reporte fidedigno de los resultados de mi casilla fue emocionante y satisfactorio. No voté nadie me obligó y tampoco influí a ninguno de los que acudieron a ejercer “su derecho” hacia una respuesta en particular.
Y vaya que tuve oportunidad, muchas personas, la mayoría adultos mayores (por lo menos en mi casilla en la Alcaldía de Benito Juárez, CDMX), llegaban a preguntar donde tachaban o, de plano, acudían acompañadas de otra persona, quienes los auxiliaban para facilitar su voto y pues, de paso, también les conducían la mano. De los tres funcionarios, dos no votamos, y de los representantes de partido, que podían hacerlo aunque no estuvieran en la lista nominal de la casilla, solo el de Morena, que fue el único presente pues ningún otro mandó representantes, les valió trabajar.
Ahora, en cuento a los números veamos porque uno de los principales argumentos de Morena, luego de los pobres resultados de participación ciudadana, no salen del discurso del “hubiera”. Dicen que el INE solo instaló una tercera parte de las casillas requeridas, y que si se “hubieran” instalado más casillas la votación “hubiera” sido la esperada. Pues empecemos por ahí.
EL PRESUPUESTO MÍNIMO
Se instaló sí una tercera parte de casillas en relación al número que se instala en una votación para representante popular o gobierno, pero “no se dejó fuera” de las listas nominales a ningún ciudadano inscrito a tiempo en el padrón electoral y con su credencial vigente, en pleno uso de sus facultades y derechos. A ninguno, se juntaron y una casilla atendió el doble y hasta el triple de votantes. Todos tenían casilla asignada, quizá no a cinco pasos de sus domicilios, pero si a 15 pasos. Solo eso.
Luego, de 3 mil 830 millones de pesos que se necesitaban para instalar el total ideal de casillas en todo el país para la Consulta de Revocación de Mandato convocada por el Gobierno federal, el INE solo recibió para organizar el evento mil 567 millones de pesos, menos de la mitad, y alcanzó para instalar 57 mil casillas; nada mal, porque fue también el número de casillas básicas instaladas en el último proceso electoral federal.
Con ese presupuesto también se pudieron convocar, capacitar y ocupar a 287 mil funcionarios de casilla, a los que nos dieron todos los materiales necesarios y apoyo económico para comer pues nuestro trabajo fue, en algunos casos, hasta por más de 12 horas de atención, conteo y reporte de los resultados.
Ahora pues eso ya pasó y al final de cuentas seguimos en punto cero, el Presidente debe cumplir los seis años para los que fue elegido y esta semana debe continuar el análisis, debate y aprobación o rechazo de la iniciativa de reforma eléctrica que como les dije la semana pasada, esa “va”. Pese a la organización de los legisladores de oposición por rechazarla, los movimientos a la vieja escuela “priísta” (origen de los del partido en el poder) y las marrullerías, esa reforma pasará esta semana o el próximo domingo 17 de abril para cuando pasaron la aprobación de última hora.
Creo que pueden detener el tema del litio, porque en su desconocimiento lo pueden soltar, pero de ahí en fuera uuufff, “ese arroz ya casi está listo”, humo le sale.